Kick-Ass 3.

 

Kick-Ass3

Mark Millar y John Romita Jr dan el resto en esta última entrega de la saga que tantos beneficios les ha dado. Hit-Girl y Kick-Ass emprenden el camino final para cerrar todos los cabos sueltos de las miniseries anteriores y se ven envueltos, cómo no, en una violenta persecución contra el último capo del clan de los Genovese, el impredecible Rocco. Salvo por algún breve giro inesperado, la historia es lo que cualquier lector que haya disfrutado de las entregas previas podría imaginar. Dave vivirá en  estas páginas la evolución que necesitaba para dejar atrás todas sus fantasías justicieras mientras que Hit-Girl seguirá atrapada en un modo de vida del que no puede escapar y, es más, no lo desea. Un punto y final predecible, pero bastante disfrutable, a las andanzas de estos vigilantes cutrecillos donde los haya.

En mi opinión, lo mejor es ese final en el que se juega tanto con lo que todos sabemos (Hit-Girl no es como esos pringados amigos de Dave), como con el tan manido tema del legado de los superhéroes, al que se da un giro tan cínico como el peculiar humor del guionista escocés. Además, luego está esa genial teoría que surge de las últimas páginas del último número de la miniserie que juega con que todo el Millaverso podría ser un sueño de un comatoso Dave Lizewski tras haber tratado de ser un superhéroe al inicio de Kick-Ass. Un poco como Antonio Resines o Dallas, para entendernos. En el apartado gráfico, Romita Jr. me ha gustado más que en Kick-Ass 2 al realizar un trabajo bastante más equilibrado y firma uno de sus mejores trabajos de estos últimos años.

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Hit-Girl

HITGIRL

El mundo del cómic no es muy dado a crear personajes icónicos en los últimos tiempos. Más allá de dar lustre a secundarios de toda la vida o de sacar algún personaje nuevo que brilla durante 10 minutos más que el resto, cuesta mucho encontrar ese personaje que cautive a los lectores de por vida. Mark Millar no tuvo ese problema con Hit-Girl. Bien escrita desde su primera línea en Kick-Ass #3 USA, Mindy McCready enamoró a los lectores literalmente con cada aparición, convirtiéndose en el mejor personaje del universo Kick-Ass de Millar y John Romita Jr. En un mundo de frikis, Hit-Girl era una auténtica vigilante capaz de matar a los malos de mil formas y de salvar a los ciudadanos en peligro de la manera más ocurrente posible. Y todo ello con 10 años y una lengua mordaz a la que, sin duda, le haría falta un poco de agua con jabón.

Este tomo de Hit-Girl reúne al equipo creativo del universo Kick-Ass para contarnos qué sucedió con Mindy en el tiempo transcurrido entre Kick-Ass y Kick-Ass 2. Esta precuela es, en mi opinión, muy superior a Kick-Ass 2 porque retoma el humor y el cinismo de la primera parte para dar una vuelta de tuerca a todo lo que conocíamos de Hit-Girl. Tras la muerte de Big-Daddy, Mindy vive ahora con su madre y su padrastro, el policía de Nueva York Marcus Williams, quien conoce la identidad secreta de su hijastra y la oculta para no hacer daño a su esposa. Mindy mantiene su promesa de no volver a actuar como Hit-Girl, pero también cumple su trato con Kick-Ass y le entrena para convertirse en un auténtico vigilante y que deje de ser un frikazo disfrazado que patrulla por las calles de Nueva York vestido con un traje de neopreno. Sin embargo, descubre que tiene un problema: no sabe ser una chica normal y sus compañeras de clase se ríen de ella y le hacen bullying por ser diferente, algo a lo que, sin duda, no está acostumbrada. Este desconcierto pasará a convertirse en una auténtica obsesión.

Millar se recrea en esta faceta social de Hit-Girl tratando de encontrar su sitio en el instituto y tiene el arrojo de profundizar en una de las mentes más divertidamente perturbadas del cómic en esta miniserie, regalándonos momentos antológicos que harían sonrojarse a los más atrevidos guionistas de cine y televisión ante el resultado final. Mindy consigue encajar con sus compañeras de clase a su manera y a tiempo para enfrentarse a la mafia y a los matones de Ralphie Genovese, a quien ella y Kick-Ass han estado estropeando diferentes negocios. Los dos últimos números de la miniserie son un no parar de reír con las situaciones planteadas, especialmente con la vuelta de Red Mist a las andadas tras ser entrenado por los mejores, y más caros, especialistas del mundo.

Lo mejor de esta historia son los cuadros de pensamiento de Hit-Girl en los que nos queda perfectamente claro que Mindy tiene una visión de la realidad totalmente mediatizada por los personajes de cómic y que percibe el mundo en blanco y negro, sin matices. La gente o es buena o es mala y ella o les deja vivir o no lo hace.

En el apartado gráfico, Romita Jr está desatado, dibujando personajes cabezones cuyos cuellos tienen unos músculos increíblemente fuertes para soportar el peso de sus cabezas. Este Romita Jr. no es mi favorito y le prefiero en otras historias donde su dibujo no estaba tan caricaturizado. Sin embargo, en general consigue narrar bien la historia y no queda fuera de lugar gracias al desenfreno visual que proporciona el guión de Mark Millar.