Factor Nostalgia. Marvel Knights, de Chuck Dixon y Eduardo Barreto.

Texto originalmente publicado en +QCómics el 18 de septiembre de 2006

Daredevil. Punisher. La Viuda Negra. Capa y Puñal. Shang Chi. El Caballero Luna. Luke Cage. Segundones estelares de Marvel. Ocho personajes en busca de un autor que los hiciera brillar a comienzos del siglo XXI. Lamentablemente, no lo consiguieron en esta serie.

Marvel Knights 1 al 15 USA (Julio del 2000- Septiembre del 2001)
Guión de Chuck Dixon
Dibujo de Eduardo Barreto y Mike Lilly (número 14)
Tinta de Klaus Janson (números 1-6) y Nelson de Castro (números 7-15)
Portadas: Joe Quesada

Quizás aún pueda parecer un poco pronto para hablar de “nostalgia” al referirnos a esta serie, pero lo cierto es que estamos ante el más claro ejemplo de que la nostalgia puede llegar a ser usada para vender. Si nos fijamos en los protagonistas de Marvel Knights, veremos a personajes que tuvieron su GRAN momento (en mayúsculas) y que, cuando apareció esta historia, hacía unos años que iban dando tumbos en mayor o menor medida. Incluso, había algunos que estaban bastante desaparecidos. Daredevil tuvo su momento en la etapa Miller. Punisher llegó a aparecerr en casi tantas series al mes como Spiderman, Lobezno o el Motorista Fantasma. La Viuda Negra dirigió Los Vengadores. Capa y Puñal fueron los héroes adolescentes de los 80 (con permiso de los Nuevos Mutantes). El Caballero Luna tuvo su etapa de gloria. Los 70 no se entenderían sin Luke Cage ni Shang Chi. Pero casi todos, a comienzos del nuevo siglo, se encontraban en un punto muerto. Sí, Punisher y Daredevil comenzaban etapas de éxito con Ennis y Kevin Smith/Bendis respectivamente, pero el resto estaba a completa disposición para que se hiciera lo que fuera con ellos. Y eso hizo Chuck Dixon.

Dixon tenía muy buenas intenciones. Quería convertir a este grupo en un reverso urbano y oscuro de Los Vengadores: personajes unidos por las circunstancias del destino que se unen para combatir al mal, aunque no se soporten ni se lleven bien ni, fundamentalmente, quieran hacerlo. Es un grupo tan disfuncional que, por no tener, no tiene ni un nombre (el título de la serie hace referencia a la línea editorial que los enmarcaba y poco más). Sin embargo, las buenas intenciones de Dixon no llegaron a cuajar y su causa creo que está en el mismo germen de la serie.

Chuck Dixon, que confesó que los primeros números de los Vengadores le impactaron en gran medida cuando era un crío, lleva a cabo su particular homenaje a esa etapa en esta serie. Una serie de asesinatos de mafiosos rusos lleva a Punisher a contactar con Daredevil (ya que ambos son amiguísimos y sólo se odian un poquito y tal), que recurre a la Viuda Negra para que le ayude a investigar. Natasha, a su vez, se ha encontrado con Puñal en una Iglesia a la que la atea ex espía ha ido a rezar. Puñal busca a Capa, que está perdido y descontrolado. Por su parte, Shang Chi trata de proteger a su “prima” de unos mafiosos cuando, sin previo aviso, es secuestrada por unos extraños seres. Total, que al final resulta que todo es culpa del troll Ulik de Asgard, que quiere el Cuerno de Ragnahorn, que le permitirá conquistar todos los mundos y que está en posesión de un mafioso. Para evitar que el cuerno caiga en su poder, Punisher y Daredevil, por un lado, y la Viuda Negra, Puñal y Shang Chi, por otro, lucharán contra Ulik y sus tropas. A partir de aquí, el grupo permanecerá unido sólo por una causa: atrapar al Punisher, tal y como Los Vengadores persiguieron de vez en cuando a Hulk en sus primeros tiempos. Un sin fin de incoherencias, vamos.

Punisher, antihéroe y solitario por excelencia, pasa a ser el nexo del grupo, que en su persecución del Castigador tendrá que enfrentarse a otros enemigos que Dixon rescata del limbo, como Zaran, maestro de Armas, que sirve al padre de Shang Chi, cuya cara queda en sombras y no se le nombra porque Marvel ya no tiene los derechos sobre Fu Manchú y, en el fondo, lo mismo da. Además, y mientras Capa sigue descontrolado y atacando a todo tipo de personas, los Marvel Knights participará en uno de los crossovers más inconsistentes de Marvel: Maximum Security. En este crossover, las grandes mentes pensantes de las distintas razas espaciales decidieron convertir a la Tierra en una prisión de máxima seguridad para los criminales extraterrestres y, así, mantener a los entrometidos de los superhéroes terráqueos ocupados y que no metieran las narices en sus dominios. Una idea ¡GENIAL!, ¿eh? Pues Punisher se las vería con uno de estos criminales, al que no conseguiría derrotar, pero para eso estaban los 4 Fantásticos, que pasaban por allí y le echaron una mano. Eso sí, ninguno le reconoció. A un criminal buscado como el Punisher… Para compensar, en el cuarto número, Dixon hace que el Caballero Luna se una al grupo porque… porque pasaba por allí. El Caballero Luna usará sus grandes recursos económicos para ofrecerles a sus compañeros una base secreta, vehículos y medios para llevar a cabo sus misiones.

La primera misión del grupo tras la llegada del Caballero Luna será hacer frente a Capa, el compañero de Puñal, que, ahora sí, está totalmente descontrolado y ni siquiera Tandy Bowen puede hacerle entrar en razón. Por ello, tendrán que recurrir al Dr Extraño, que descubre que la amenaza es mayor de lo que creen. En efecto, el interior de la capa de Capa se ha convertido en una réplica de Nueva York poblada por gente malvada y por algunas víctimas inocentes de Capa, que les ha juzgado indignos y los ha enviado allí. Daredevil, Punisher, la Viuda Negra y el Caballero Luna serán algunas de sus víctimas. Para no contar mucho, todo resultará ser culpa del demonio Pesadilla y Puñal derrotará a su compañero y, de paso, le quitará sus poderes y se los quedará para ella. Además, detienen al Punisher (que se escapará en el siguiente episodio).

Y así llegamos a la última saga de la serie, en la que el Caballero Luna recluta a Luke Cage para el grupo a cambio de un sueldo y una dieta para ropa, ya que Luke no parará de quejarse una y otra vez de que su ropa es hecha a medida, le sale cara y, encima, no paran de rompérsela sus contrincantes. A estas alturas, Dixon ya debía de saber que la serie iba a ser cancelada (tanta genialidad junta, era demasiado para soportarlo), así que se centró en cerrar los cabos sueltos. Por un lado, lo de Shang Chi y Fu Manc… y su padre. Por otro lado, lo de los poderes de Capa y Puñal, aunque esto no lo cierra y creo que no se resolvió en ningún lado.

El grupo sin nombre se reúne para atacar a unos mafiosos. Sin embargo, las cosas se les complicarán cuando descubran que otros cuatro villanos de tercera se han aliado: Lápida (enemigo de Spiderman), Bala, Bengala (enemigos de Daredevil) y Big Ben (antiguo enemigo de Luke Cage). Peligrosísimos villanos, wow. Obviamente, ante tanto poder junto, el grupo cae destrozado (como las ropas de Power Man, para disgusto de Luke) y se salvan a última hora gracias a Puñal, que usa inconscientemente los poderes de Capa y quita de en medio a sus enemigos. Inteligentemente, sus compañeros descubren el secreto de Puñal, pero no tendrán tiempo para hacer nada para ayudarla, puesto que inmediatamente son atacados.

Los chicos del grupo reciben la visita de Zaran y una secta ninja a las órdenes del padre de Shang Chi. Las chicas son atacadas por un señuelo dotado de vida de SHIELD con la forma de Nick Furia, lo que les llevará hasta el Heli Transporte, donde todos y cada uno de los agentes de SHIELD han sido sustituidos por sus copias en SDV. Todo resultará ser culpa de un programa informático llamado OILE al que la Viuda Negra le borra sus archivos aprovechando que ella, como buena ex espía rusa, todavía tiene en su mente los datos para hacerlo (¿?). En la base del grupo, Luke Cage (con la ropa más destrozada aún), DD, Shang Chi y el Caballero Luna resisten como pueden a la embestida de los ninjas y Zaran hasta que los derrotan, aunque el padre de Shang Chi se guarda un as en la manga y hace explotar el edificio de Marc Spector tras la derrota de sus tropas. Pocas páginas después, el grupo se desbanda, dejando al Caballero Luna tullido y arruinado (qué buenos compañeros).

En definitiva, una serie con mucha acción sin sentido, con poca coherencia. Un clarísimo “quiero y no puedo” que fue cerrada y vuelva a abrir con otros autores, el director de cine independiente John Figueroa y el dibujante Alberto Ponticelli. Esta segunda etapa, centrada en Punisher, Daredevil y la Viuda Negra, tampoco debió de tener mucho éxito en los USA (apenas he podido encontrar información, salvo que, creo, sólo duró seis números) y en España no salió debido a las malas ventas del volumen anterior. Lo mejor de este primer volumen, además del excelente dibujo de Eduardo Barreto, idóneo para la serie y para cualquiera de sus personajes (salvo, creo, Capa y Puñal), está en el tratamiento que Dixon hace del Punisher, no obstante, había escrito una etapa bastante importante del personaje. También hay ideas buenas cuyo desarrollo no me termina de complacer, como el descontrol de Capa, que acaba siendo culpa de un demonio, o la interacción de los personajes, que, a veces, hace que dejen de ser ellos mismos, pese a que Dixon sí logra que los personajes actúen como les vemos hacer en solitario.

Leer Marvel Knights me sirvió, por desgracia, para entender que, a veces, el factor nostalgia no sirve para que algo funcione. En aquellos momentos en que la compré, de verdad quería leer otra vez algo de Capa y Puñal, de la Viuda Negra, del Caballero Luna… pero, la verdad, no era esto.

 

Factor Nostalgia: The New Warriors

Texto originalmente publicado en +QCómics el 3 de agosto de 2007

Night Trasher… ¡¡Una misteriorsa arma contra el crimen!! Namorita… ¡Híbrida Atlante! Kid Nova…¡El cohete humano! Speedball… ¡Una bola elástica de energía! Firestar…¡Maestra mutante de la radiación! Marvel Boy…¡Una furia telekinética!
Stan Lee Presenta: ¡The New Warriors!
¡¡¡Los Héroes de los 90!!!

Introducción a la serie clásica de los New Warriors (1990)

—–¿De qué narices estás hablando, gordo? No tengo nada que ver con Speedball o Los Nuevos Guerreros. Esos tíos eran de tercera, como mucho.

Johnny Storm, Civil War #1. 2006

Dieciséis años es demasiado tiempo editorialmente hablando. Y espero que estas dos citas con las que he decidido introducir este breve texto sirvan como clara evidencia de ello. ¿Qué ha ocurrido en estos 16 años para que la serie que, sin lugar a dudas, fue una de las grandes series Marvel a comienzos de los años 90 y máximo representante del buen hacer de la Casa de las Ideas ahora sea clasificada por la Antorcha Humana como grupo de “tercera”? Pues, en mi opinión, ser víctima del éxito y, además, haber nacido en los años 90. Pongámonos en situación.Año 1989. En medio de la saga “Actos de Venganza” (en la que los villanos se intercambiaban los héroes con la esperanza de derrotarlos), Thor se enfrenta al Juggernaut. En medio del combate aparece un nuevo grupo de superhéroes adolescentes que ayudan al dios nórdico contra el, por entonces, imparable villano. La semilla estaba plantada. Sabiendo cómo funciona la mente de los frikis, los editores se olieron que una serie protagonizada por estos personajes tendría suficiente éxito para mantenerse, al menos, durante un tiempo. Y así fue, pero de una forma muy inesperada. Nada más salir el primer número fue un éxito instantáneo. Así ocurrió también con los siguientes. Todos ellos agotados en pocos meses. Y estamos hablando de una época en la que las tiradas eran bastante más superiores que las de hoy en día. Estaba claro que Los New Warriors habían venido para quedarse.¿Cuáles fueron las claves de su éxito? Pues, personalmente, creo que podríamos achacárselo a varias causas. En primer lugar, los personajes. Jóvenes héroes de distinta índole. Namorita, una guerrera atlante. Estrella de Fuego y Marvel Boy, dos mutantes prácticamente desconocidos. Nova, un personaje que brilló fugazmente en los 70. Speedball, la enésima actualización del personaje prototípico a lo Spider-Man. Night Trasher (traducido horriblemente como Trillador Nocturno… ¿Quién podría tomarse en serio a alguien con este nombre?), una especie de cruce entre Batman y Iron Man pero en negro. Pese a ser totalmente heterogéneo, el grupo parecía empastar. Teníamos, por un lado, la veteranía de Nova y Namorita. Por otro, la sensatez de Estrella de Fuego y Marvel Boy. Speedball era el elemento cómico y tocanarices del grupo. Night Trasher era quien daba las órdenes y ponía los medios para que el grupo pudiera desarrollar su carrera contra el crimen. Además, había unos cuantos secundarios que pronto interesaron al público. Silueta, Andrew Cuerda o la enigmática ama de llaves, Tai.

Otro elemento que, sin lugar a dudas, encandiló a cientos de miles de lectores fueron las magníficas historias de Fabián Nicieza en la primera etapa de la serie. No obstante, el primer villano al que tenían que hacer frente, y al que derrotaban, era a, ni más ni menos, que Terrax, uno de los heraldos de Galactus. Eso les ganaba el favor de los Vengadores y del Capitán América, aunque aún les considerasen “niños”. El gran acierto de Nicieza fue ir introduciendo nuevos villanos (como Fuego de Medianoche, el Ladrón de Estrellas, las Fuerzas de la Naturaleza, Psionex, el Círculo Envolvente, la Esfinge…) e ir compaginándolos con villanos de cierto prestigio en Marvel, como El Pensador Loco, Emma Frost o Gideón. Pronto tuvieron también las visitas de otros ilustres personajes, que eran tan características en la época y que ayudaban a crear sentimiento de continuidad y cohesión entre las series de la editorial, algo que, aunque se está recuperando en estos días, ha perdido mucho por culpa de la política de Joe Quesada. Así, vimos pasar por las páginas de la serie a Los Vengadores, Los Inhumanos, Punisher (junto a Lobezno, Spider- Man y el Motorista Fantasma, los “4 fantásticos” de la Marvel de los 90, salían hasta en la sopa) o Spiderman (¿veis?).

Hubo grandes historias. Personalmente, me quedo con Futuro del Ayer (la Esfinge convertía La Tierra en una versión de sí misma dominada por mitología y elementos egipcios), el número en el que Marvel Boy, harto de los malos tratos de su padre, le mata sin querer y el proceso judicial que acaba con el personaje en la cárcel, la saga Nada más que la verdad (con nuevas incorporaciones al grupo, Rabia y Darkhawk) y, sobre todo, Fuerzas de la Oscuridad, recopilada en España en una miniserie y en la que vimos desfilar a muchas estrellas invitadas de Marvel: Arcángel, Capa y Puñal, el Dr Extraño, etc, etc. Hasta aquí, y como veremos cuando termine de hablar de los dibujantes de la serie, Los Nuevos Guerreros contaban con historias de gran calidad, con tramas en las que primaba la acción, pero en las que también había sitio para reflejar situaciones de injusticia de la época (malos tratos, drogas, bandas, críticas al, por entonces, naciente cambio climático…) y para la interacción entre los protagonistas, surgiendo en ese momento las relaciones entre Night Trasher y Silueta, Nova y Namorita y Justicia y Estrella del Fuego (sí, Speedball parecía estar aguantando velas la mayoría del tiempo jejeje).Qué decir de los dibujantes. Un casi primerizo Mark Bagley que aún no se dedicaba a poner 20 primeros planos en cada página como hace ahora en Ultimate Spider-Man y un más que correcto Darick Robertson que sucedió al primero en el número 26 de la serie. Bagley fue quien más hizo por dotar a la serie de espectacularidad. Su dibujo está lleno de fuerza, de movimiento, de expresividad. Aún hoy, más de quince años después, podemos disfrutar de la obra de un autor que no ha dejado de mejorar (hasta que se topó con los guiones de Bendis en la serie Ultimate anteriormente mencionada, que, en mi opinión, le hacen flaco favor en más de un momento). Y Darick Robertson, pues a él le tocó bailar con la más fea. Su dibujo fue espectacular y sus sustitutos, un tal Richard Pace y Patrick Zircher, hicieron un trabajo más que correcto, pero para aquellos momentos, las historias ya no eran lo que habían sido, sobre todo tras la marcha de Nicieza. Y es que, no podemos olvidarlo, los New Warriors fueron los héroes de los años 90. O de la primera mitad de los años 90, en la segunda mitad los héroes por excelencia fueron, sin lugar a dudas, los Thunderbolts. ¿Y qué significaba ser “héroe de los 90”? Pues que te salían mil y un spin offs, como las series regulares de Nitgh Trasher y Nova. Que te colaban personajes que estaban o bien de moda (Darkhawk) o bien no tenían dónde acabar (Capa y Puñal, algunos Power Pack, Turbo…) o, simplemente, que te los colaban con calzador para subir las ventas cuando la cosa empezaba a peligrar. Éste fue el caso de la Araña Escarlata, miembro del grupo durante una breve etapa al final del primer volumen de la serie. Para cuando la Araña Escarlata entró en el grupo, la serie ya estaba tocada de muerte en los guiones. Siguiendo la moda, Namorita había sido cambiada y ahora, además de azul, era más dura y brutal que nunca, había personajes con pistolones, los villanos eran cada vez más “high-tech”… poco quedaba ya del espíritu original. La serie se cerró en el número 75.

Fue continuada luego, a finales de década, por una serie regular que sólo aguantó 1o números, más un número 0, y que nunca se publicaron en España. Luego salió la miniserie que Panini ha recopilado hace poco como “preludio” a la Guerra Civil, la divertidísima saga en la que se convierten en protagonistas de un reality show. Y, bueno, luego está lo ocurrido en el primer número de Civil War… menuda forma de acabar con personajes tan carismáticos. Y, tras Civil War, ha salido otra nueva serie que, parece, está bastante bien. Ya la leeremos. De entre sus personajes, hemos de destacar a dos. Justicia (el antiguo Marvel Boy) y Estrella de Fuego. Se convirtieron en Vengadores de pleno derecho en la etapa Héroes Return de Kurt Busiek y George Pérez. Vivieron algunas de las etapas más convulsas de la historia de los Héroes Más Poderosos de La Tierra y, tras la marcha del guionista, han estado perdidos hasta muy recientemente. Con la Civil War, hemos visto a Angélica abandonar la carrera como superheroína por estar en contra del registro y próximamente tendremos a Justicia hasta en la sopa. Otro personaje que ha tenido su gran momento, aunque mucho más recientemente (a pesar de la malograda serie regular que Larsen realizó y que se canceló al séptimo número), ha sido Nova, uno de los protagonistas de Aniquilación, la interesantísima historia con la que Marvel está revitalizando su apartado cósmico y en el que Richard Rider tendrá un papel fundamental.Por último, los devenires editoriales no fueron exclusivos de los EEUU. La serie también atravesó una época de cambios en España y creo que podríamos señalarla como una de las series que reflejan los cambios que sufrió Forum (esa editorial que nunca existió) a principios y mediados de los 90. Comenzó abriendo la novedosa línea de cómics de 24 páginas (y que duraban más que los actuales de 48, curiosamente). Esto, probablemente, hizo que mucha gente se fijase en ella, puesto que, como no se cansaba de repetir el correero, Roque González, era una serie con muchísimo éxito. Sin embargo, si alguien no recuerda la política de Planeta de aquella época, consistía en inundar el mercado con muchísimas series como forma de ir minando poco a poco a la competencia (y a mí que esto me suena de algo…). Así que se editaba casi todo lo que salía en Marvel. Por esta razón vimos en España series como la de Night Trasher o la de Nova, aunque fuera en miniseries. Cuando el mercado empezó a saturarse, salieron aquellos tomos llamados “familiares”, que contenían un número (a veces dos) de cada serie que se encontraba en relación a una serie “madre”. New Warriors fue una de las series que acabó en ese formato (como las series del 2099 o las de Espíritus de la Venganza) y acabó compartiendo tomo con la serie regular de Night Trasher, la de Nova, la miniserie de Justicia o la serie regular de un personaje tan olvidado y olvidable como Darkhawk. Tras la Era de Apocalipsis, aproximadamente, se produjo la llamada “Marvelution”, en la que muchas series volvieron al formato 24 páginas y se publicaron con el nuevo tipo de papel, que resaltaba el coloreado por ordenador. New Warriors, aprovechando que la Araña Escarlata estaba por ahí de vez en cuando, acabó dentro de la línea Spider – Man. Así duró hasta que se acabó la serie.

Como hemos visto, The New Warriors fue un grupo que, lamentablemente, no supo ser adaptado por los guionistas a los nuevos tiempos. Se quedó estancado o fue convertido en un grupo poco original, muy similar a los que veíamos en otras series y otras editoriales, como Image, Awesome e incluso DC. Quizás el hecho de “ser los héroes de los 90” marcó su destino. Esperemos que esto no pase a los más recientes héroes de la década en Marvel: los Runaways y los Jóvenes Vengadores. Quizás algún día sean usados también como cabeza de turco para desencadenar un conflicto que, en mi opinión, está llevado con demasiada precipitación por parte de la editorial. Que menudo pataleo se cogen por el Acta de Registro de quien casi nadie había oído hablar hasta un par de meses antes de que empiece la Guerra Civil… ainsss…
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Factor Nostalgia: Escuadrón Supremo (Mark Gruenwald)

Texto originalmente publicado en +QCómics el 27 de septiembre de 2007

Empezamos a creer que siempre sabíamos lo que estábamos haciendo… que nuestros nobles fines justificaban nuestros innobles medios.
Mark Milton. Hyperión.
Los héroes más poderosos de la Tierra pasando por su peor momento. Héroes enfrentados por cuestiones políticas. Villanos reconvertidos a héroes. Traiciones. Los héroes en entredicho. Combates que cuestan vidas a muchos héroes. Los héroes desvelando su identidad al público y abandonando las máscaras. Decisiones políticas que costarán caro. Héroes cuyos destinos cambiarán para siempre.
No, no hablo de la Civil War, como podéis comprobar leyendo el título de este post. El Escuadrón Supremo de Mark Gruenwald. Doce números que cuentan una historia de la que no sólo se han “adaptado” más de una y dos ideas en el actual conflicto entre los superhéroes Marvel, sino que, encima, desarrolla esas ideas de una forma mucho menos precipitada, coherente y efectiva que el crossover de Millar con sus ochenta tie-ins. Y es que, no nos engañemos, la Civil War está muy bien, sí, pero habría estado bastante mejor si un aire de precipitación no recorriese sus páginas desde el primer momento. Que si una ley de registro de la que no se había oído a hablar hasta un par de meses antes, que si unos relaciones entre personajes que surgen espontáneamente, que si una formación de grupos prácticamente instantánea… Esto no ocurre en la miniserie de la que voy a comentar un par de cosillas hoy.

Para empezar, deberíamos ponernos en situación. Estamos en 1985. Es importante tener en cuenta esta fecha para entender la valía de lo que el escritor nos plantea. Estamos en una Tierra Paralela que ha sido devastada por la llegada de Mente Suprema, que manipuló al Escuadrón Supremo (excepto a su líder, Hyperión) y al presidente de los EEUU para declarar la guerra a todos los países del mundo que se le opusieran. Como resultado, el mundo está sumido en el caos. La economía está por los suelos, las hambrunas sacuden a la población y nadie confía en los únicos héroes del mundo: El Escuadrón Supremo. Sin embargo, ellos se han propuesto recuperar la confianza del público y, para ello, se propondrán el plan más ambicioso que jamás ha llevado a cabo un héroe: solucionar todos los problemas que sacuden a La Tierra. El Plan Utopía. Algo que sólo han tratado de hacer, que yo recuerde, Thor en la etapa Jurgens y un grupo de “villanos” creados por Ellis en StormWatch que serían el precedente más claro de The Authority, que también haría algo así en la recientemente publicada en España “Revolutions”. Y, repito, estamos en 1985.

Obviamente, Mark Gruenwald no era Alan Moore, así que esta serie no podemos destacarla por sus niveles de lectura, su mayor o menor perfección argumental o por el hecho de ser una historia cerrada, puesto que más de un cabo suelto queda. Sin embargo, en estas páginas encontraremos algunas de las reflexiones en torno al poder absoluto, o supremo, más acertadas que podríamos encontrar en un cómic de superhéroes. Porque, pese a la gran carga política de la obra, en ningún momento Gruenwald se aleja del estereotipo superheroico. Y eso es lo que más destaca en el planteamiento de la historia.

Gruewald se esforzó en plasmar a unos héroes muy vulnerables. Los alejó de sus frías y casi míticas y evidentes contrapartidas de DC y les dotó de una humanidad que se sustentaba en tres aspectos. En primer lugar, el Escuadrón Supremo se mueve gracias a sus pasiones. Pese a la gran misión que se han propuesto, la frialdad y la objetividad son dos características que destacan por su ausencia en los personajes. Si no conocías de nada a los personajes, al finalizar la serie los conocerás perfectamente hasta en su fuero más íntimo. La pasión que más se explota será, obviamente, la amorosa. Todos los personajes de la serie sufrirán las consecuencias del amor y del desamor. Algunos, físicamente, como Hyperión, que quedará ciego al combatir al impostor del que se ha enamorado la Princesa Poder. Otros en su psicología, como Lady Alondra, sugestionada por la máquina de cambio de conductas para enamorarse locamente del Arquero Dorado.
Un segundo aspecto, muy ligado al anterior, es que el Escuadrón Supremo no tiene nada de “supremo”. Al contrario. Son personajes con demasiados defectos como para dejar en sus manos el destino de todo un planeta a menos que, como ocurre al comienzo de la historia, se esté tan desesperado que hasta esa opción sea mejor que cualquier otra. Los miembros del Escuadrón se dejan guiar por sus pasiones más viscerales. La envidia, el odio, los celos, la lujuria. Todas ellas están patentes casi en cada página. Las relaciones interpersonales en el seno del grupo no son, precisamente, cordiales. El Plan Utopía pone en contra desde el principio a varios miembros, que acabarán por marcharse y hasta por conspirar contra sus antiguos aliados. La tensión amorosa también tiene consecuencias graves. El desamor y la falta de amor también aleja a estos héroes de la sombra cuasi perfecta de la JLA y nos muestra cómo el hombre más inteligente del mundo tiene un enorme complejo de inferioridad y una enorme necesidad de entablar lazos personales con sus compañeros. O, también, cómo el rechazo amoroso es tan insoportable en algunas ocasiones que lleva a cometer los mayores errores, ésos que no tienen una solución fácil.
El tercer aspecto, y el más importante, es la ambigüedad moral. Si ya de por sí la historia posee una alta dosis de ambigüedad política al dejar la reconstrucción del planeta en manos de quienes casi lo destruyeron, la evidente imperfección de los miembros del Escuadrón Supremo hace que el lector esté constantemente preguntándose cómo de mal acabará la historia. Y, por si fuera poco, con la introducción de la máquina de modificación conductual se abre otro camino para la duda: ¿Hasta qué punto es ético lavar el cerebro a los criminales para que dejen de actuar como tales? ¿Hasta dónde se llegará con el uso de esta máquina? Este invento de Tom Thumb es el eje sobre el que gira toda la historia, pese a que inicialmente no lo pueda parecer. La manipulación a la que El Escuadrón está dispuesto a someter a sus enemigos hace que algunos de sus miembros se alejen del grupo o que permanezcan en él con reticencias. El conflicto está servido. Además, la modificación de la mente de Lady Alondra llevaba a cabo por Arquero Dorado pone de manifiesto que es un arma peligrosa, pero, una vez más, los sentimientos nublan el juicio al grupo y deciden seguir adelante con el proyecto.
De esta manera, el Escuadrón irá supliendo las bajas (voluntarias, involuntarias y por defunción) de sus miembros con villanos reformados a la fuerza hasta el punto de que, llegado el último número, sólo seis componentes originales quedarán junto a otros tantos villanos. Sin embargo, con lo que no contaban es con que uno de sus antiguos compañeros se hubiera aliado con un villano y que hubiesen desprogramado a los exvillanos. Obviamente, en el último número de la serie se desarrolla un gran combate del que no todos los personajes saldrán con vida. De hecho, hay una masacre bastante interesante durante la que todos los personajes mostrarán su verdadera cara. Muchas víctimas inocentes y, sin embargo, pocas víctimas en el Escuadrón, que tendrá que lamerse las heridas y asumir que, sí, salvaron al mundo, que le dieron todo lo que le hacía falta para prosperar económicamente, que dieron con la solución para evitar la muerte y las enfermedades incurables y, a cambio, lo único que dieron fue su alma. De ahí las palabras con las que he comenzado este texto.

Escuadrón Supremo es una obra muy madura que seguramente no estaba destinada al público potencial habitual en el comic book americano de aquellos años. Una obra en la que la controversia y la crítica social son fundamentales y que, en mi opinión, se adelantó casi 20 años a su tiempo. Tuvimos que esperar muchos años hasta que los autores en Marvel volvieron a plantearse algo similar. El Thor de Jurgens. La Civil War. El proyecto con los villanos de los Thunderbolts en la Civil War. Incluso Supreme Power, la recreación del siglo XXI del Escuadrón. Todos ellos parecen haber revolucionado o estar revolucionando el Universo Marvel, pero pocos podrán negar que el germen de todas esas historias se encuentra en esta miniserie muy olvidada por las editoriales españolas y que, sin duda, merece una reedición.

Actualizado: Por sugerencia de Ismael en los comentarios, enlazo dos posts sobre la serie. A ver si con un poco de difusiòn se va generando màs interès por la obra:

El Escuadròn Supremo en MisComics

El Escuadròn Supremo en El CritiKrator

Factor Nostalgia. Pícara (1995). Howard Mackie y Mike Wieringo

Texto originalmente publicado en +QCómics el 30 de octubre de 2007

“Vive tu vida al máximo… por los dos. Sabes que siempre estaré contigo.”
Cody Robbins
El año 1995 siempre será recordado por los fans mutantes porque fue el año en que Marvel hizo uno de los movimientos más osados que se puede recordar: cerrar todas las series mutantes para dar paso a La Era de Apocalipsis. Un mundo nuevo, un mundo distorsionado, un mundo que no podría existir demasiado tiempo. Justo antes de que la búsqueda de Legión en el pasado tuviera lugar, comenzó a publicarse una miniserie que, con el paso de los años, ha llegado a ser bastante especial para mí: ésta de Pícara de la que quiero hablar hoy.
Quizás sería completamente desorbitado hacer una valoración de la evolución de Pícara a manos de Chris Claremont. Bastará decir que, con el paso de los años y bajo la magnífica pluma del “patriarca mutante”, Pícara pasó de ser una vulgar secundaria a una de las mujeres X más carismáticas, queridas y admiradas tanto dentro como fuera de las páginas de las series mutantes. Su belleza pronto quedó al descubierto gracias a los lápices de Marc Silvestri y Jim Lee, así que no se tardó mucho en buscarle un interés romático que viniera a crear algo más de drama, puesto que los poderes de la joven le impedían, y aún le impiden, tocar a los demás. El elegido fue el enigmático Gambito, uno de los últimos personajes creados por Claremont en su primera etapa como guionista de Uncanny X-Men.
La relación de estos dos personajes estuvo marcada desde el principio por la más que evidente tensión sexual entre ambos. Algo lógico siendo ambos guapos, atractivos y compartiendo residencia, entrenamientos y arriesgando la vida el uno por el otro día sí y día también. Tanto a los guionistas como a los fans nos encantó la pareja, hasta el punto de que, casi imperceptiblemente, toda la vida de Pícara comenzó a girar en torno a la de Gambito, casi como si lo vivido anteriormente en la Patrulla X y en la Hermandad de Mutantes Diabólicos no mereciera ser recordado. Así, la sureña se vio afectada por la llegada de Bella Donna y por los turbios asuntos relacionados con Candra, Nueva Orleáns y los Clanes de Asesinos y Ladrones. Es por ello que su primera miniserie se centra también en estos aspectos y que, además, sirviera para dar carpetazo a uno de los momentos más trascendentales de la vida de Pícara.
Al comienzo de la historia, Pícara vuela hacia una clínica en la que está ingresado Cody, el chico al que besó en su adolescencia y cuyo beso despertó sus poderes mutantes. El joven lleva en coma desde entonces. Al mismo tiempo, Bella Donna planea vengarse de Pícara, la cual le robó sus recuerdos sin querer en la primera miniserie de Gambito, y decide atacar a su enemiga a través de Cody. Manda a varios de sus lacayos a secuestrarle, por lo que Pícara viaja hasta Nueva Orleáns para rescatarle, reuniéndose con Gambito. La lucha final en el santuario del Clan de Asesinos será una de las batallas más míticas de Pícara. Tras superar diversos ataques psicológicos que le recuerdan errores del pasado (Ms Marvel…) y ver cómo corre peligro la vida de Gambito, además de la de Cody, Candra les quita los poderes a la mujer X y a Bella Donna y, cual Tormenta luchando con Calisto, ambas luchan con puños y cuchillos. No hace falta decir que Pícara gana el combate, pero no consigue salvar la vida de Cody. Gracias los poderes de Tante Mattie, Pícara y Cody pueden despedirse para siempre, en una de las escenas más emotivas vividas por la mutante del mechón blanco.
Mucho ha llovido desde 1995 para Pícara y Gambito. En los momentos previos al fin del mundo, se dieron un apasionado beso que, tras el fin de La Era de Apocalipsis, serviría a los guionistas para explorar su relación y llevarla hasta límites insospechados. Pícara marchó con el Hombre de Hielo en busca de respuestas acerca de lo que “vio” en la mente de Remy, mientras que él dio muestras de ser aún más oscuro de lo que se intuía. Pese a que la presencia de Joseph, el clon de Magneto, puso en peligro la relación otra vez, sólo el descubrimiento del papel que Gambito había tenido en la Masacre Mutante fue un serio inconveniente para la pareja. Pero todo pasa y nada queda, así que los guionistas volvieron a reunirlos y desde entonces se han mantenido juntos, eso sí, con mucho altibajos, pérdida de poderes (con todo lo que eso conlleva) incluida. Tuvieron la oportunidad de vivir felices y como una pareja normal durante varios meses, pero sus deberes como Hombres X pesaron más y su vuelta a la Patrulla X no pudo ser más catastrófica. Primero, Remy se quedó ciego y, luego, Pícara cayó en el engaño que Mística, bajo la apariencia de Foxx, le tendió al hacerle creer que Gambito le había sido infiel. Su relación se tambaleaba y ni siquiera la experta ayuda de la terapeuta sexual Emma Frost podía hacer mucho por ellos. Por si fuera poco, Apocalipsis convirtió a Gambito en su nuevo Jinete y, tras ser derrotado, éste marchó hacia un destino desconocido. Así, ahora Pícara dirige el grupo independiente de la Patrulla X mientras que Gambito se ha pasado al bando enemigo. Todo apunta a que la próxima reunión entre ellos será muy dolora. O eso esperamos los lectores de la etapa de Mike Carey.

La miniserie de Pícara estaba escrita por Howard Mackie, guionista al que siempre le ha seguido la polémica. Este antiguo editor Marvel tiene en su haber el honroso mérito de ser el guionista de la época más oscura de Spider-Man, el escritor de la etapa final de X-Factor o de Mutante X (que no brillaron por su calidad) y quien relanzó en los 90 a los personajes más oscuros de Marvel gracias al éxito de la serie del segundo Motorista Fantasma. Se le ha criticado siempre su tendencia a no cerrar los cabos sueltos, a presentar personajes misteriosos cuyo origen no era desvelado y el vender muchos cómics que, realmente, no merecían demasiado la pena para algunos. Sea como fuere, hasta sin firmar la historia se vio salpicado en la polémica cuando Marvel publicó, dentro de la línea mutante, La Hermandad, sobre un grupo terrorista mutante. Pese a que la serie se cerró muy pronto tras el 11-S, la identidad del guionista, que firmaba como Mr X, no ha sido revelada. Muchos apuntaban a Mackie, aunque la versión “oficial” de Quesada es que fue Mark Felt (el garganta profunda del Watergate ¬¬) y nunca se ha podido descartar a otros autores. Tras esto, le perdí la pista (según me cuenta Yota, cayó en desgracia a comienzos de la “Era Quesada” porque era un enchufado) y si no fuera por la Wikipedia no sabría mucho más de él.

Como dije al principio, esta miniserie ha llegado a ser muy especial para mí con los años. La razón es, sin lugar a dudas, su dibujante. En estas páginas entré en contacto por primera vez con el malogrado Mike Wieringo, un autor que, desde entonces, siempre me gustó y del que aprendí más de un truco y de dos al copiar sus páginas cuando aún tenía tiempo (y ganas) de dibujar. Pese a que aún estaba bastante «verde» en relación a su posterior evolución, su estilo cartoon me encandiló desde la primera hoja y aún hoy me maravilla echar un vistazo a las páginas de esta miniserie. Le perdí la pista durante varios años por aquello de que se dedicó a trabajar bien con otras editoriales que no eran Marvel o bien en las series arácnidas, a las que no me he acercado mucho salvo puntualmente. Disfruté, por el contrario, como un enano con su etapa en Los 4 Fantásticos junto a Mark Waid, en la que destaca, sin lugar a dudas, el momento en el que el grupo de aventureros se encuentra con “Dios” Kirby. Un número emotivo, vibrante y que para mí es ya un clásico moderno gracias tanto a la historia de Waid como al dibujo limpio, agradable, ¿perfecto? de Wieringo.
Uno de los primeros autores cuyo blog localicé en Internet fue el de Wieringo, así que durante unos cuantos meses, pude observar su trabajo, leer sus textos y me hice una imagen mental bastante agradable de él. Sus textos transmitían ilusión por su trabajo, sus ganas por gustar a los lectores, su interés por mejorar, las ganas de comunicarse con los fans,… en definitiva, su amor por los cómics. Parecía disfrutar al máximo con lo que hacía y eso se notaba en sus páginas. Por eso me cogió tan de sorpresa su fallecimiento este pasado agosto. No sólo porque era un hombre muy joven, sino porque parece que haya gente que aún tenga mucho que aportar y que no es justo que se vayan antes de que puedan hacerlo. Pero, bueno, la vida es así y siempre nos quedará su magnífica obra para recordarle como se merece y, de esta forma, siempre estará entre nosotros.

Factor Nostalgia. La Muerte del Capitán Marv-Vell

Texto originalmente publicado en +QCómics el 1 de febrero de 2008

Bienvenidos una vez más a Factor Nostalgia. En esta ocasión me gustaría hablaros de una historia que, en mi opinión, es de lectura obligada para todos los lectores de cómic superhéroes y, en general, para cualquier lector de cómic. Es más, creo que todo aquél que se considere Marvel Zombie y no haya leído esta historia debería hacerlo inmediatamente, puesto que estamos, casi sin lugar a dudas, ante la historia más rotunda, dura y emotiva de cuantas se han escrito en La Casa de las Ideas. Como ya sabréis por el título, se trata de La Muerte del Capitán Marvel, escrita y dibujada por Jim Starlin.
Publicada en la Marvel Graphic Novel nº 1, La Muerte del Capitán Marvel es una lectura obligatoria para todo lector de Marvel por diversas razones. En primer lugar, porque no hace falta saber nada del personaje para poder disfrutarla o, mejor dicho, sentirla y conmovernos como su autor pretende que lo hagamos. Starlin comienza usando un recurso bastante habitual en el medio: un flashback que nos relata cómo llegó el Capitán Marv-Vell a La Tierra durante una misión de exploración Kree y cómo se enamoró del planeta hasta el punto de rebelarse contra su propia raza para defender ese trozo de tierra lejano que comienza a sentir como su hogar. Su rebelión le costará cara. Una, su gran amor, morirá a consecuencia de sus acciones. También tendrá recompensas, como convertirse en el Protector del Universo gracias a la conciencia cósmica, a Eón y a un intento de relanzar al personaje por parte de Marvel y Jim Starlin, que trataron de subir las ventas de su serie y que, finalmente, decidieron acabar la historia de Marv a lo grande con esta historia.
Esta narración es interrumpida por Starfox y la acción vuelve al presente, en la que el Capitán Marvel, Mentor y Starfox acuden hasta una lejana base espacial de Thanos a recoger el cuerpo del villano, muerto poco tiempo antes. Una lucha contra los seguidores fanáticos de Thanos pone en evidencia que algo le ocurre al Capitán Marvel y un análisis posterior pone en evidencia lo que Marv ya sabía desde hacía tiempo: tiene cáncer, la “muerte negra” para los Kree, y le quedan pocos meses de vida. El propio Marv-Vell sabe que el origen de su enfermedad está en una lucha contra el villano terrestre Nitro en la que se expuso a un gas nervioso que ha acabado causando el cáncer. De esta forma, el héroe extraterrestre enamorado de los humanos está condenado a morir como uno más de los muchos humanos que sucumben a este terrible mal.
Starlin aprovecha esta situación para explorar a través de otros personajes las consecuencias y el impacto que la enfermedad de Marv tiene para muchos de sus amigos y compañeros. Así, los lectores somos testigos de la piedad y discreción del dolor que los habitantes de Titán, especialmente Starfox, Elysyus y Mentor sienten. Vemos también cómo se reflejan la incomprensión y el pánico en los ojos de Rick Jones, el gran amigo y compañero de aventuras del Capitán Marvel, que acude a pedir ayuda a quien cree que podrá salvar a su amigo, pero ni siquiera Los Poderosos Vengadores, Mister Fantástico o el Hechicero Supremo podrán hacer nada, puesto que las negabandas del Capitán Marvel, al mismo tiempo que le mantienen con vida, son las que impiden su salvación. A este respecto, quizás las palabras más duras y que más hagan reflexionar al lector las pronuncia un Spider-Man muy aturdido: “Nosotros morimos de un disparo o una bomba…No de algo como el cáncer. No puede ser.”
En este momento, Starlin tiene ya en el bolsillo a todos los lectores de la obra. Es absolutamente imposible no plantarse a reflexionar sobre nuestra propia existencia, sobre cómo creemos que seguiremos siempre adelante pase lo que pase, sobre cómo esquivamos la presencia constante de la muerte en todo momento. La sensibilidad con la que Starlin plantea la muerte del héroe nos deja a todos abrumados y maravillados. Es probable que nunca jamás haya escrito nada ni remotamente parecido otra vez, pero, al haber muerto su padre de esta enfermedad, seguramente tanta muestra de genialidad surgió durante un proceso catártico. Presenciar la lucha de alguien cercano contra la muerte es demoledor y todos los héroes del Universo Marvel, y varios villanos, se acercan para rendir tributo a Marvel, que fallecerá tras una batalla onírica y simbólica contra la Muerte en la que Thanos le hará comprender que luchar contra la muerte es una lucha sin esperanza: la muerte es la única certeza de la vida.
Tras una muerte tan sorprendente, tan digna y tan bien hecha, Marvel no se atrevió a resucitar al personaje. Y estamos hablando de la editorial que resucitó a Jean Grey (cuya primera muerte también fue excelentemente relatada y la segunda no está nada mal tampoco…) o que trajo de vuelta a la Tía May (a pesar de llevar 40 años amenazando a su sobrino de morirse de un infarto, sigue al pie del cañón la vieja marchosa…). No se atrevió, decía, a resucitar al personaje… hasta la Civil War, el conflicto causado (pese a lo que digan los seguidores de Iron Man y el bando pro-registro) por Nitro, el mismo villano que causó la muerte de Marv-Vell. Inmersos en la historia más grande jamás contada en el Universo Marvel, probablemente, desde los primeros años de su gestación a manos de Jack Kirby y Stan Lee (o de eso están convencidos Mark Millar y Joe Quesada), a alguien se le ocurrió que Marv debía regresar. Atrás quedan ya en el recuerdo Mónica Rambeau, ex líder de Los Vengadores, o sus hijos Genis Vell (en paz descanse) y Phyla Vell (que ahora ostenta el manto de otro gran héroe cósmico Marvel, todo sea dicho), dignos herederos del nombre del Capitán Marvel.
El Capitán Marvel ha regresado. Y de una forma bastante triste. En España ha sido publicada en el tomo Civil War: Crímenes de Guerra (el auténtico crimen es resucitar a Marv, sí, por si alguien se lo pregunta). Regresa en una historia muy de complemento que se carga toda la emoción de su muerte. A manos de uno de los personajes más insulsos de los últimos años: El Vigía («soy el ser más poderoso de La Tierra, pero me dedico a atormentarme y a no aparecer mucho porque nadie sabe muy bien qué hacer conmigo… pero Bendis seguro que tiene un plan… ¿verdad?»). Para más efecto, Marv no ha resucitado, sino que ha sido sacado del continuum temporal y llevado al futuro. Ahora sabe que va a morir y deberá vivir con ello. Y, por lo que parece, será devuelto a su tiempo antes o después. De momento, ya tiene su propia miniserie, lo que ocurra después sólo el tiempo nos lo dirá.

En fin. Hay cosas que es mejor no tocarlas.

Factor Nostalgia: Clan Destine de Alan Davis.

Sigo recuperando algunos textos míos de +QC

“No habéis visto nada igual”. Ésta fue la frase promocional usada por Alan Davis, Marvel y Forum para promocionar Clan Destine, la serie aspirante a “serie estrella de Marvel” que quedó, lamentablemente, convertida en “serie de culto”, debido a su corta vida y a sus altos índices de calidad durante dos tercios de su trayectoria. ¿Quiénes son los Clan Destine y qué secreto esconden? ¿Por qué no quieren ser superhéroes? Clan Destine, una de las series más interesantes de la Marvel de los 90, ha sido la elegida para comenzar esta segunda etapa de “Factor Nostalgia” en +QC.


Autores:

Alan Davis. Creador, guionista y dibujante en los números 1 al 8 y en la miniserie Clan Destine vs X-Men.

Glen Adkin: Guionista de los números 9 al 12
Pino Rinaldi: Dibujante de los números 9, 10 y 12
Bryan Hitch: Dibujante del número 11

En 1994, Alan Davis terminaba su grandiosa etapa como autor completo en Excalibur, la serie mutante europea. Había atado muchos de los cabos sueltos dejados por Chris Claremont en la etapa en la que Davis había sido el dibujante de la colección, había presentado a nuevos personajes y había contado la historia del Fénix y Rachel Summers. Sin embargo, desde la editorial demandaban otras cosas para Excalibur, así que Davis la abandonó. Tras su marcha, Excalibur perdería el rumbo y acabaría totalmente involucrada en el subuniverso mutante, participando, incluso, en crossovers como La Falange u Onslaught, pese a que en algún caso los acontecimientos no le tocaban muy de cerca. Tras abandonar al Capitán Britania y a los suyos, Davis se embarcó en la creación de Clan Destine, un nuevo supergrupo para Marvel UK, pero, por diversas circunstancias editoriales, la historia acabó siendo publicada por la sección americana de Marvel, presentándose en el Marvel Comics Presents #158.

Los años 90 fueron unos años bastante oscuros para el cómic de superhéroes en general y para Marvel en particular. Había docenas de series similares, más personajes clónicos que nunca y tramas insustanciales o mal llevadas, dando como resultado un mar de publicaciones mediocres que, en muchos casos, no sobrevivirían mucho en las tiendas. Clan Destine, pese a que tampoco sobrevivió a la quema, no fue víctima de las circunstancias descritas, sino todo lo contrario: la serie se diferenciaba tanto de lo que publicaba la editorial, que Alan Davis pronto tuvo intromisiones de las altas esferas, que le pedían que Clan Destine estuviera más involucrada con las series mutantes y otros grupos Marvel para aumentar las ventas, que no eran tan buenas como se esperaba. Este hecho, más la poca publicidad que recibió la serie y el coloreado que tuvo (bastante pobre comparado con el de otras series de Marvel), causarían la marcha de Davis de la serie y el fin de la misma poco después. Pero no adelantemos acontecimientos y veamos en qué consiste Clan Destine.

¿Qué podemos encontrar en esta serie? Un grupo disfuncional. Si ya es difícil la relación entre los miembros de una familia que pertenecen a distintas generaciones, más aún entre hermanos nacidos con hasta 800 años de diferencia. Alan Davis nos introduce en la familia Destine a través de Pandora y Rory, los mellizos y últimos vástagos de Adam Destine. Han desarrollado sus poderes en plena adolescencia y esa casualidad les ha llevado a pensar que son mutantes (puesto que no conocen el secreto familiar aún) e, impulsados por un sentido de la heroicidad bastante clásico, ambos se dedican a combatir el crimen por las noches como Cruzado Carmesí y Duende, a escondidas de su “tío” Walter y su “abuela” Grace. Durante una de sus patrullas, Cruzado Carmesí y Duende interceptan a un grupo de ladrones y se quedan con su botín. Poco después, los distintos hermanos Destine son atacados y varios de ellos mueren a manos de unos extraños hombres. Esta situación les sorprende mucho, puesto que varias décadas antes establecieron los protocolos “Parientes Lejanos” para evitar que la gente empezase a sospechar que no eran personas normales. De esa forma, la familia se estructuró en pequeños núcleos para criar a los hermanos más jóvenes a través de hermanos mayores que actuaban como guardianes y les hacían creer que eran parientes más o menos cercanos (tíos, primos, abuelos…).

En la primera saga descubriremos cómo y quién ha descubierto el secreto de los Destine (ya adelanto que no es lo que nadie se podría esperar) y entraremos de lleno en el ámbito familiar, puesto que Alan Davis nos sorprende con una excelente caracterización de los personajes y con una aún más llamativa interrelación entre los personajes. En todas las familias hay tensiones, relaciones tormentosas y secretos que el tiempo se encarga de hacer olvidar, pero, en el caso de los Clan Destine, el tiempo no es aliado de seres casi inmortales. Los hermanos Destine no se llevan bien entre ellos y algunos no se llevan bien con su padre, que anda desaparecido en el espacio desde hace más de una década por la culpa que sintió al matar a su primogénito, Vincent, que se había vuelto “malvado”. Este hecho también dividió a sus hijos, puesto que no todos estuvieron de acuerdo con lo que Adam hizo.

En el quinto número de la serie descubriremos el origen de Adam Destine, un soldado de las Cruzadas a quien el destino (y nunca mejor dicho) le llevó a entrar en contacto con un poder antiguo que no sólo le salvó la vida, sino que, además, le proporcionó inmortalidad e invulnerabilidad tanto a él como a sus descendientes. Curiosamente, Davis evita tocar el tema del “alumbramiento” de sus hijos. Nos presenta momentáneamente a la genio madre, pero no llega a decir nunca cómo nacen sus hijos o si alguno de ellos la conoce. Tampoco deja claro por qué Adam recibió estos dones o si llevaban como “regalo” alguna misión. Poco se sabe del pasado de Adam y sus hijos. Muchos cabos sueltos que a Alan Davis no dio tiempo de contar y, la verdad, fue una verdadera lástima. No me voy a poner a soñar con lo que pudo ser y no ser, pero la historia de los Destine pintaba taaaaan bien…

Los tres últimos números del Clan Destine de Alan Davis tienen un claro sabor Marvel. Por un lado, parte de la acción se traslada a Nueva York, en donde Cuco y Argenta tienen que enfrentarse con un mercenario bastante sádico. Hasta allí llegarán, sin que nadie de la familia lo sepa, Cruzado Carmesí y Duende, dispuestos a empezar su carrera contra el crimen. Bueno, más bien es Cruzado Carmesí quien quiere luchar contra el crimen, puesto que su hermana le sigue sólo porque sabe que sus poderes únicamente funcionan si están juntos. En esta aventura, Rory deberá aprender la máxima que todos y cada uno de los personajes Marvel han aprendido: “Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad” y ¿quién mejor para enseñárselo que el primer héroe al que le dijeron esa frase? Spiderman rescatará a los hermanos Destine, les pondrá a prueba y les hará ver que aún no están listos para ser héroes, aunque acontecimientos posteriores demuestren que no está todo perdido aún.

En su último número, el #8, Davis hizo toda una declaración de principios y una potentísima crítica contra la todopoderosa Marvel. Adam Destine y sus hijos Dominic y Walter deciden salir a patrullar por Londres en busca de criminales y ladrones para entender la obsesión de Cruzado Carmesí por convertirse en un héroe. Es un número lleno de confesiones y relatos en el que nos sorprenderán algunos vínculos con otros personajes de Marvel (como el Capitán América y los Invasores o el Dr Extraño), pero en el que Davis, en su última página, deja muy claro que Clan Destine ni fue, ni es, ni será nunca un grupo de héroes y lo hace con una nota de humor tan poco sutil como efectiva: a pesar de que los Destine han estado patrullando Londres en busca de delitos que resolver, no encuentran ninguno. Sin embargo, en una pequeña radio podemos escuchar las noticias, que anuncian una grave ola de crímenes en la ciudad esa noche, ocasionada por la falta de policías, que estaban metidos en la persecución de tres misteriosas figuras voladoras…

¿Qué diferenciaba a la serie de las demás? Pues, para empezar, las características de sus protagonistas, que no eran unos humanos con poderes al uso, es decir, no eran mutantes o habían conseguido sus habilidades por accidente, entrenamiento o tecnología. Eran miembros de una familia de seres de vida extraordinariamente larga dotados con poderes gracias a sus padres, Adam Destine y una genio. No son, por tanto, un grupo de héroes tradicional. Es más, ni siquiera se consideran héroes (salvo Cruzado Carmesí, aspirante a héroe y patoso congénito). Los hermanos Destine no tienen ninguna aspiración de convertir el mundo en algo mejor, su única intención es vivir sus largas vidas de la forma más satisfactoria para ellos mismos. Quizás son egoístas, pero, seguramente, si alguno de nosotros pudiera vivir tanto tiempo como ellos también llegaría a la misma conclusión que ellos, puesto que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y ellos ya han visto unas cuantas piedras en su camino como para seguir preocupándose por los demás.

También hay un aspecto que a mí me llamó poderosamente la atención. Alan Davis era consciente de que poco podía aportar a sus personajes en lo concerniente a sus superpoderes. Es decir, entre Marvel y DC hacía ya muchas décadas que todos los superpoderes estaban inventados y, en efecto, no hay ningún poder original entre los Destine, pero sí que Davis les da un toque de originalidad al darles cierta coherencia o, para quienes gusten del término, cierto realismo. El primer ejemplo está en el propio Adam, un ser inmortal e invulnerable que tras más de 800 años vivo, ha perdido todo el miedo a la muerte, pero también ha perdido todo aquello que alguna vez le hizo humano, ya no es “cálido”, ni siquiera con sus hijos, está totalmente aislado emocionalmente y el shock de matar a su propio hijo le lleva al espacio buscando una forma de morir. Otro caso es el de Dominic, cuyos hipersentidos le llevan a vivir aislado en una cápsula especial o en una isla desierta y le hacen intoxicarse con sólo paladear el chocolate. Walter, al crecer y convertirse en fuerza pura, no sólo pierde su intelecto, sino también su ropa. Cuco cambia de cuerpo continuamente para sentirse eternamente joven, pese a que es una de las personas más viejas del mundo. Los poderes lumínicos de Duende pueden llegar a cegar a su propia familia…Esos pequeños detalles dan un poco de «seriedad» a los personajes.

¿Hay vida después de Davis? Los cuatro números posteriores a la marcha de Alan Davis traicionan totalmente el espíritu de la serie. En busca de tener mejores ventas, el nuevo guionista otorga un nuevo estatus a la familia Destine, que empieza a funcionar como un grupo de superhéroes prototípico que tiene hasta su propio icono nacional(ista), el superhéroe favorito de la televisión australiana, el Capitán Oz, el mediohermano William Destine. Los personajes empiezan a comportarse de una forma contradictoria con lo visto hasta ese momento, hay relaciones casi incestuosas, reaparecen los villanos de la primera saga, Hywel Griffin, alias Alfa, un científico, y Lenz, presentado por Davis como la contrapartida de Adam Destine (mientras Adam quería morir, Lenz deseaba todo lo contrario porque se sabía único en su especie, como el patriarca Destine, por lo que se había creado “hijos” implantando sus genes en humanos normales), pero que ahora se vuelve una “bestia”, un villano con poco interés. Vuelve a reaparecer IMA (los creadores de Lenz), introduce una nueva líder para el grupo que, además, no pertenece a la familia y, por si fuera poco, resucitan a Vincent a través de la magia y, no contento con ello, Glen Adkin se quita de encima a Adam de un plumazo y deja a Vincent como líder de los Destine en un cliffhanger que, por fortuna, nunca continuó. O sí, pero no…

En el Xmen – Clan Destine, Alan Davis retoma a sus personajes y, utilizando el método “Dallas”, explica que los cuatro números finales de la colección regular no fueron más que una pesadilla siniestra de Cruzado Carmesí (para los que no lo sepan, he bautizado así al método de Davis porque en la teleserie Dallas hicieron algo similar a lo del sueño con una temporada de la serie). En esta historia, Davis realiza un crossover en el que plasma un enfrentamiento un tanto atípico entre los grupos que aporta mucha frescura a la trama. En la última viñeta, Davis vuelve a lanzar un mensaje a sus lectores y a la editorial: el mundo necesita a los Clan Destine, pese a que ellos (como también Davis), hayan perdido la ilusión por seguir adelante. Poco se ha sabido de ellos posteriormente, creo que en los 4 Fantásticos de Claremont salía Cuco y quizás en alguna viñeta perdida dibujada por Davis en obras posteriores también podamos encontrarles.

Hay veces en que una editorial no sabe que tiene entre manos un diamante en bruto. El caso más claro está en los X-Men, una serie que fue cancelada por malas ventas, a la que se le dio una segunda oportunidad y que se convirtió en la mayor franquicia y en el mayor éxito editorial de la historia moderna de los superhéroes. Quizás, algún día alguien le dé también una segunda oportunidad a la familia Destine y éstos vuelvan a salir a la luz y demostrar que tenían, y tienen, mucho potencial.

Anteriormente en Factor Nostalgia:

  1. Patrulla X: Cruce de Caminos.

Factor Nostalgia: Patrulla X. Cruce de Caminos

Recupero en este blog algunos de los textos que he ido escribiendo en +QC que me gustaría tener «a mano». Este primero fue publicado en +QC el 19 de febrero del 2006


A estas alturas, decir que Uncanny X-Men es la serie que más importancia tuvo durante gran parte de los últimos 70 y en los 80 en el ámbito del cómic americano de superhéroes es una redundancia. Gracias al Coleccionable X-Men/Patrulla X que Planeta de Agostini publicó hace ya cinco años y a la Biblioteca Marvel: Patrulla X, los lectores españoles pudimos/podemos constatar cómo una serie simplona, sin grandes aspiraciones durante gran parte de sus primeros 66 números y que, en cierta forma, repetía esquemas (sobre todo el del final «Xavier lo resuelve todo»), pasó a ser la serie que conseguía que mes a mes todos los lectores estuvieran en vilo esperando la continuación de las aventuras de sus protagonistas. Dicho coleccionable recoge las aventuras más importantes de la Patrulla X, los clásicos que todo fan mutante debería conocer y que muy pocos no mencionarían al hablar de las grandes cimas del cómic de superhéroes.Sin embargo, ese coleccionable nos dejaba justo en el momento en el que, para algunos, comenzó el declive del guionista de la serie. Tras «matar» a la Patrulla X, Claremont comenzó una nueva etapa en la serie. Al margen de la sociedad, y sin la preocupación de tener que convivir con un mundo que les temía y odiaba, los Hombres X tuvieron la ocasión de enfrentarse a amenazas que no eran, simplemente, la amenaza mundial de turno, ni el enésimo retorno de Magneto ni semejantes. Los villanos dejaron atrás, en muchos casos, los trajes de colores y pasaron a ser mercenarios, cyborgs, seres de otras dimensiones, alienígenas… No era nada nuevo ni en Marvel ni en la serie, pero sí que su tratamiento era diferente. También lo fueron sus dibujantes, ya que es en estos años cuando comienzan a surgir los primeros autores «hot», con Silvestri como el primero en dibujar Uncanny, seguido por Jim Lee (en los números que voy a comentar, por ejemplo) y Rob Liefeld en la serie de los Bebés X.

Aprovechando que dentro de unos meses todos los lectores españoles podremos disfrutar de estos números sin tener que robar un banco para comprarlos gracias al Coleccionable X-Men que saldrá junto a la película X-Men 3: The Last Stand (la especulación llega a tal punto que hay determinados ejemplares que cuestan hasta 10 veces su valor original), empezaré esta nueva sección de +QC comentando en perspectiva los números que, a mi juicio, son la última gran saga de Claremont en Uncanny X-Men, que Planeta recopiló en el tomo 25 de su colección «Obras Maestras»: Patrulla X: Cruce de Caminos. Es un tomo en el que podemos leer tres sagas que, prácticamente independientes, dan buena cuenta de lo que, creo, fue el canto de cisne en esta serie del guionista más importante que hayan tenido los mutantes (también tendría su gran momento en la primera saga de X-Men, pero ésa es otra historia).

La primera historia comienza en 1941 en Madripur, donde el Capitán América se enfrenta a La Mano y es ayudado por Logan, afincado, parece, en la isla. Logan y Steve Rogers unen sus fuerzas y rescatan a Iván Petrovich, mayor de las fuerzas soviéticas, de los ninjas de La Mano, facción que está aliada con el Barón Strucker, para quien han secuestrado a una niña, Natasha Romanoff (la futura Viuda Negra), para convertirla en la maestra asesina de la secta (puesto que, si no me falla la memoria, ocuparía Elektra años más tarde). Gracias a este flashback, podemos descubrir cómo era Madripur antes de que nos la presentaran en la serie regular de Lobezno, la relación entre Logan y el Bar Princesa (y su dueña anterior, Serafín) o el vínculo entre la Viuda Negra y los zares rusos. Años después, 1990, la Viuda Negra vuelve a Madripur y es vencida por La Mano, pero contará con la ayuda de Lobezno, Júbilo y Mariposa Mental, que ostentaban el dudoso honor de ser el equipo «titular» de la Patrulla X en esos momentos. Los villanos en esta ocasión están también relacionados con el pasado, ya que los hijos de Strucker, los gemelos Fenris, están implicados. Es interesante que, con el paso de los años, estos personajes hayan acabado casi de comparsas, sobre todo cuando sus primeras apariciones fueron bastante llamativas. Otro que tal baila es el tercer enemigo en discordia, Tatsu’o, amante de Kwanon, la ninja cuyo cuerpo ocupaba Mariposa Mental y que acabó perdiendo miembros cada vez que se tropezaba con Lobezno (que si una mano hoy, que si un pie mañana…). La unión entre estos tres personajes no será circunstancial, sino que, hacia mediados de los 90, todos ellos se verán implicados en uno de los pretextos argumentales más tontos que hayan tenido los mutantes: la competición de los Arribistas, dirigida por el Amo del Juego y en la que también participaban personajes como Siena Blaze o Shinobi Shaw. Si alguien llegó a entender lo que ocurrió con la competición, que levante la mano. Por lo demás, a día de hoy resulta curioso cómo la relación entre la Viuda Negra y su «tío Logan» (lo dice ella, no lo invento yo), haya sido olvidada y en sus recientes encuentros (Secret War, por ejemplo), parecen desconocidos.

La segunda historia de este tomo trae de vuelta a Pícara, que reaparece tras su paso por el Lugar Peligroso, otro de esos recursos que Claremont dispuso para cambiar el status de sus personajes cuando le conviniera (como ocurrió con la muerte de la Patrulla) o cuando llegara a un punto sin retorno en las tramas en las que se encontraban. En este caso, el triángulo amoroso entre Pícara, Longshot y Dazzler, fue el detonante, puesto que se habían agotado sus posibilidades… luego ya aparecería Gambito y Pícara volvería a tener un interés romántico. Junto a Pícara vuelve uno de esos grupos «made in Claremont» que tan poco han reaparecido luego, Los Cosechadores, personajes que, con el tiempo, hemos podido comprobar que estaban destinados a ser un producto muy de su época, no obstante, eran un cruce entre Mad Max y Terminator o Soldado Universal (aunque esta película sea posterior…). Las cabezas visibles de Los Cosechadores han sido siempre Donald Pierce y Dama Mortal, dos de los personajes recurrentes de Claremont, como hemos podido ver recientemente, por ejemplo, en Xtreme Xmen y, actualmente, en Patrulla X.

Amigo de los cabos sueltos, Claremont cerraría en estos números uno de los más largos: el robo de los poderes de Miss Marvel por parte de Pícara, pero, eso sí, lo haría con astucia, dando lugar a dos nuevas historias: la que sería conocida como «La Saga de la Isla Muir» y la que da origen a la relación entre Pícara y Magneto. La primera historia demostaría que Xavier es un mal profesor :P, no obstante, en cuanto se descuida, sus alumnos y allegados son controlados telepáticamente por quien sea (en este caso, por el Rey Sombra). Por otra parte, en medio de la Tierra Salvaje, Pícara, tras enfrentarse al subconsciente de Miss Marvel, Magneto, Ka-Zar y Zabú deberán unir fuerzas con los restos de las tropas de asalto de SHIELD, encabezadas por Furia, para hacer frente a la sacerdotisa Zaladane y los mutados creados por Magneto. La relación entre Pícara y Magneto se estrecharía hasta puntos insospechados, originando un vínculo que acabaría fructificando durante La Era de Apocalipsis, donde ambos formaban un matrimonio estable (pese a que Gambito intentaba recuperar a su chérie de vez en cuando), con un hijo y con unos ideales comunes que les haría sacrificarlo todo, hasta a su hijo, para salvar al universo. En la continuidad tradicional, esta relación también tendría una continuación con la aparición de Joseph, un supuesto Magneto rejuvenecido que acabó siendo el Ben Reilly mutante.

La tercera y última parte de este tomo surge tras la saga «Proyecto Exterminio», época en la que la Patrulla X estaba pasando por una serie de cambios que desembocarían en la división en dos equipos (y series) tras la reincorporación de la Patrulla X original. Para que todos los miembros originales estuvieran de vuelta, se hacía necesario encontrar a Xavier, perdido en la inmensidad del Imperio Shi’ar desde hacía unos cuantos años y al que sólo habíamos visto esporádicamente y en la miniserie de los Saqueadores Estelares. Tras un tiempo en el que Uncanny XMen iba contando de forma un tanto errática las aventuras de algunos de sus miembros, Claremont, tras la saga de Genosha, tenía por fin un grupo en condiciones y pudo disponer de él para llevárselo al espacio, realizando la historia más épica de los últimos años de su primera estancia en la serie, una odisea cósmica en la que nos reencontraríamos con viejos conocidos que hacía años que no se pasaban por las páginas de Uncanny: Ave de Muerte, los Saqueadores Estelares, la Guardia Imperial Shi’ar, Lilandra…

Lila Chiney teletransporta a la Patrulla hasta la nave insignia de Ave de Muerte, Majestrix Shi’ar, donde son hechos prisioneros. En otra parte de la nave, Corsario y los suyos abordan a la Guardia Imperial. Será Júbilo quien logre liberar a sus compañeros, que rápidamente acuden en ayuda de los Saqueadores. La Guardia Imperial es sorprendida por una PatrullaX completamente diferente a la que recordaban, lo que les da la ventaja suficiente para derrotar al grupo de Gladiador y reencontrarse con Xavier (un tipejo viejo y calvo, según la primera impresión de Júbilo nada más conocerlo). Sin embargo, esto no acaba aquí, ya que, tras la proclamación de Lilandra como Majestrix Shi’ar (al grito de «Hail Lilandra», ya les vale…), parte de la Patrulla y de la Guardia Imperial es secuestrada. Júbilo y Gambito descubrirán que Xavier les ha traicionado y que planea destruirlos a todos y sólo contarán con la ayuda de Lila y Ave de Muerte para vencer. Finalmente, se descubrirá que todo es un plan de los Skrulls para acabar con los Shi’ar y todo se resolvería en una batalla que dibujó brillantemente Jim Lee.

Como ya he dicho un par de veces, en este tomo podemos disfrutar de la última gran saga de Claremont en la serie y, también, de la última gran aventura cósmica de la Patrulla X (esperemos que Brubaker, que se lleva a su grupo hasta el impersio Shi’ar, esté a la altura, por cierto). Muchos de los personajes implicados tendrían su momento de gloria poco después en las páginas de Los Vengadores durante la Operación Tormenta Galáctica (o guerra Kree-Shi’ar). Los Saqueadores Estelares tendrían hasta una más que potable serie limitada dibujada por Pacheco y escrita por Warren Ellis. La Guardia Imperial Shi’ar tendría que conformarse con una mediocre y olvidable miniserie y con su aparición en la etapa Morrison en New X-Men, en la que serían víctimas de los planes de Cassandra Nova. Tras esa historia, Lilandra también terminaría seriamente trastornada y parece que no sabremos mucho de ella hasta que Brubaker se encargue de Uncanny X-Men a partir del próximo verano. Ave de Muerte sería la que más presencia tendría en los siguientes años, llegando a tener una relación con Bishop (hasta tendrían una hija, como hemos visto en X-Men: El Fin) y a formar parte de los Jinetes de Apocalipsis.

Terminado el repaso argumental, toca ahora el turno de los autores. Tras estos números, Claremont y Jim Lee inauguraron la segunda serie regular de la Patrulla X: X-Men. Sería una colaboración muy breve, puesto que ambos la dejaron en muy poco tiempo. Tras tres números, Claremont se iría por desacuerdos editoriales varios (y porque molesto por diversos motivos más personales). Jim Lee haría lo propio poco después, aunque, en su caso, se iría por la puerta grande: Image. Aprovechando su fama y el furor que causaba su estilo, los dibujantes que más vendían en Marvel fundaron una editorial con la que pretendían, primero, revolucionar el mercado y, segundo, forrarse. Esto último lo lograron. Su primer objetivo también, aunque con matices, ya que, pese a que proliferaron sus clones (dibujantes con estilos similares a los de Lee, Liefeld, Silvestri, Valentino, McFarlane y Portaccio), pronto se dieron cuenta de que no sólo de splash-pages vivían los fans, así que ficharon a diversos guionistas para que se lucieran en sus series. Lee contó, entre otros, con Claremont y Alan Moore para sus Wild C.A.T.S.

Tanto Claremont como Lee no tardaron en regresar a Marvel. El primero fue Lee, que se encargó, junto a su estudio Wildstorm, de revitalizar (por decir algo…) a los 4F y a Iron Man tras su supuesta muerte en Onslaught (la tan traída y llevada etapa de los Heroes Reborn y del Capitán América con tetas). Claremont le seguiría. Tras algún pequeño trabajo para la editorial, pasó a encargarse de la serie regular de los 4F durante bastante tiempo. Fue una etapa en la que se le achacó que, sobre todo en sus comienzos, usara y abusara de personajes del feudo mutante para escribir las aventuras de la Primera Familia Marvel. Un par de años más tarde también regresaría a los mutantes, a la serie más veterana. En Uncanny X-Men, Claremont espantaría a gran parte del fandom al realizar unos números bastante mediocres, caracterizados por la sinrazón del enfrentamiento con una nueva raza mutante, Los Neo. Con la llegada de Morrisonlution, Chris fue derivado hacia Xtreme Xmen, una serie en la que pudo hacer casi cuanto quiso con sus personajes. Su momento de gloria lo tendría hace año y medio, cuando volvió a Uncanny X-Men, junto a su viejo compañero de fatigas Alan Davis, donde ha realizado un trabajo que, sin llegar a la maestría de antaño, es bastante bueno (EMMO, EMHO y Porque Lo Digo Yo, PLDY). Jim Lee hace ya tiempo que unió su editorial Wildstorm a DC y, tras unos años en los que apenas cogió un lápiz, los últimos años han sido su segunda época de gloria, a raíz de la publicación de Batman: Silencio (guión de Jeph Loeb), que le abriría las puertas a otros personajes de la editorial, como Superman.