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Factor Nostalgia: Escuadrón Supremo (Mark Gruenwald)

Texto originalmente publicado en +QCómics el 27 de septiembre de 2007

Empezamos a creer que siempre sabíamos lo que estábamos haciendo… que nuestros nobles fines justificaban nuestros innobles medios.
Mark Milton. Hyperión.
Los héroes más poderosos de la Tierra pasando por su peor momento. Héroes enfrentados por cuestiones políticas. Villanos reconvertidos a héroes. Traiciones. Los héroes en entredicho. Combates que cuestan vidas a muchos héroes. Los héroes desvelando su identidad al público y abandonando las máscaras. Decisiones políticas que costarán caro. Héroes cuyos destinos cambiarán para siempre.
No, no hablo de la Civil War, como podéis comprobar leyendo el título de este post. El Escuadrón Supremo de Mark Gruenwald. Doce números que cuentan una historia de la que no sólo se han “adaptado” más de una y dos ideas en el actual conflicto entre los superhéroes Marvel, sino que, encima, desarrolla esas ideas de una forma mucho menos precipitada, coherente y efectiva que el crossover de Millar con sus ochenta tie-ins. Y es que, no nos engañemos, la Civil War está muy bien, sí, pero habría estado bastante mejor si un aire de precipitación no recorriese sus páginas desde el primer momento. Que si una ley de registro de la que no se había oído a hablar hasta un par de meses antes, que si unos relaciones entre personajes que surgen espontáneamente, que si una formación de grupos prácticamente instantánea… Esto no ocurre en la miniserie de la que voy a comentar un par de cosillas hoy.

Para empezar, deberíamos ponernos en situación. Estamos en 1985. Es importante tener en cuenta esta fecha para entender la valía de lo que el escritor nos plantea. Estamos en una Tierra Paralela que ha sido devastada por la llegada de Mente Suprema, que manipuló al Escuadrón Supremo (excepto a su líder, Hyperión) y al presidente de los EEUU para declarar la guerra a todos los países del mundo que se le opusieran. Como resultado, el mundo está sumido en el caos. La economía está por los suelos, las hambrunas sacuden a la población y nadie confía en los únicos héroes del mundo: El Escuadrón Supremo. Sin embargo, ellos se han propuesto recuperar la confianza del público y, para ello, se propondrán el plan más ambicioso que jamás ha llevado a cabo un héroe: solucionar todos los problemas que sacuden a La Tierra. El Plan Utopía. Algo que sólo han tratado de hacer, que yo recuerde, Thor en la etapa Jurgens y un grupo de “villanos” creados por Ellis en StormWatch que serían el precedente más claro de The Authority, que también haría algo así en la recientemente publicada en España “Revolutions”. Y, repito, estamos en 1985.

Obviamente, Mark Gruenwald no era Alan Moore, así que esta serie no podemos destacarla por sus niveles de lectura, su mayor o menor perfección argumental o por el hecho de ser una historia cerrada, puesto que más de un cabo suelto queda. Sin embargo, en estas páginas encontraremos algunas de las reflexiones en torno al poder absoluto, o supremo, más acertadas que podríamos encontrar en un cómic de superhéroes. Porque, pese a la gran carga política de la obra, en ningún momento Gruenwald se aleja del estereotipo superheroico. Y eso es lo que más destaca en el planteamiento de la historia.

Gruewald se esforzó en plasmar a unos héroes muy vulnerables. Los alejó de sus frías y casi míticas y evidentes contrapartidas de DC y les dotó de una humanidad que se sustentaba en tres aspectos. En primer lugar, el Escuadrón Supremo se mueve gracias a sus pasiones. Pese a la gran misión que se han propuesto, la frialdad y la objetividad son dos características que destacan por su ausencia en los personajes. Si no conocías de nada a los personajes, al finalizar la serie los conocerás perfectamente hasta en su fuero más íntimo. La pasión que más se explota será, obviamente, la amorosa. Todos los personajes de la serie sufrirán las consecuencias del amor y del desamor. Algunos, físicamente, como Hyperión, que quedará ciego al combatir al impostor del que se ha enamorado la Princesa Poder. Otros en su psicología, como Lady Alondra, sugestionada por la máquina de cambio de conductas para enamorarse locamente del Arquero Dorado.
Un segundo aspecto, muy ligado al anterior, es que el Escuadrón Supremo no tiene nada de “supremo”. Al contrario. Son personajes con demasiados defectos como para dejar en sus manos el destino de todo un planeta a menos que, como ocurre al comienzo de la historia, se esté tan desesperado que hasta esa opción sea mejor que cualquier otra. Los miembros del Escuadrón se dejan guiar por sus pasiones más viscerales. La envidia, el odio, los celos, la lujuria. Todas ellas están patentes casi en cada página. Las relaciones interpersonales en el seno del grupo no son, precisamente, cordiales. El Plan Utopía pone en contra desde el principio a varios miembros, que acabarán por marcharse y hasta por conspirar contra sus antiguos aliados. La tensión amorosa también tiene consecuencias graves. El desamor y la falta de amor también aleja a estos héroes de la sombra cuasi perfecta de la JLA y nos muestra cómo el hombre más inteligente del mundo tiene un enorme complejo de inferioridad y una enorme necesidad de entablar lazos personales con sus compañeros. O, también, cómo el rechazo amoroso es tan insoportable en algunas ocasiones que lleva a cometer los mayores errores, ésos que no tienen una solución fácil.
El tercer aspecto, y el más importante, es la ambigüedad moral. Si ya de por sí la historia posee una alta dosis de ambigüedad política al dejar la reconstrucción del planeta en manos de quienes casi lo destruyeron, la evidente imperfección de los miembros del Escuadrón Supremo hace que el lector esté constantemente preguntándose cómo de mal acabará la historia. Y, por si fuera poco, con la introducción de la máquina de modificación conductual se abre otro camino para la duda: ¿Hasta qué punto es ético lavar el cerebro a los criminales para que dejen de actuar como tales? ¿Hasta dónde se llegará con el uso de esta máquina? Este invento de Tom Thumb es el eje sobre el que gira toda la historia, pese a que inicialmente no lo pueda parecer. La manipulación a la que El Escuadrón está dispuesto a someter a sus enemigos hace que algunos de sus miembros se alejen del grupo o que permanezcan en él con reticencias. El conflicto está servido. Además, la modificación de la mente de Lady Alondra llevaba a cabo por Arquero Dorado pone de manifiesto que es un arma peligrosa, pero, una vez más, los sentimientos nublan el juicio al grupo y deciden seguir adelante con el proyecto.
De esta manera, el Escuadrón irá supliendo las bajas (voluntarias, involuntarias y por defunción) de sus miembros con villanos reformados a la fuerza hasta el punto de que, llegado el último número, sólo seis componentes originales quedarán junto a otros tantos villanos. Sin embargo, con lo que no contaban es con que uno de sus antiguos compañeros se hubiera aliado con un villano y que hubiesen desprogramado a los exvillanos. Obviamente, en el último número de la serie se desarrolla un gran combate del que no todos los personajes saldrán con vida. De hecho, hay una masacre bastante interesante durante la que todos los personajes mostrarán su verdadera cara. Muchas víctimas inocentes y, sin embargo, pocas víctimas en el Escuadrón, que tendrá que lamerse las heridas y asumir que, sí, salvaron al mundo, que le dieron todo lo que le hacía falta para prosperar económicamente, que dieron con la solución para evitar la muerte y las enfermedades incurables y, a cambio, lo único que dieron fue su alma. De ahí las palabras con las que he comenzado este texto.

Escuadrón Supremo es una obra muy madura que seguramente no estaba destinada al público potencial habitual en el comic book americano de aquellos años. Una obra en la que la controversia y la crítica social son fundamentales y que, en mi opinión, se adelantó casi 20 años a su tiempo. Tuvimos que esperar muchos años hasta que los autores en Marvel volvieron a plantearse algo similar. El Thor de Jurgens. La Civil War. El proyecto con los villanos de los Thunderbolts en la Civil War. Incluso Supreme Power, la recreación del siglo XXI del Escuadrón. Todos ellos parecen haber revolucionado o estar revolucionando el Universo Marvel, pero pocos podrán negar que el germen de todas esas historias se encuentra en esta miniserie muy olvidada por las editoriales españolas y que, sin duda, merece una reedición.

Actualizado: Por sugerencia de Ismael en los comentarios, enlazo dos posts sobre la serie. A ver si con un poco de difusiòn se va generando màs interès por la obra:

El Escuadròn Supremo en MisComics

El Escuadròn Supremo en El CritiKrator

  1. Aún no hay comentarios.
  1. 26 octubre, 2016 a las 8:43 am

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