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Factor Nostalgia. Pícara (1995). Howard Mackie y Mike Wieringo

Texto originalmente publicado en +QCómics el 30 de octubre de 2007

“Vive tu vida al máximo… por los dos. Sabes que siempre estaré contigo.”
Cody Robbins
El año 1995 siempre será recordado por los fans mutantes porque fue el año en que Marvel hizo uno de los movimientos más osados que se puede recordar: cerrar todas las series mutantes para dar paso a La Era de Apocalipsis. Un mundo nuevo, un mundo distorsionado, un mundo que no podría existir demasiado tiempo. Justo antes de que la búsqueda de Legión en el pasado tuviera lugar, comenzó a publicarse una miniserie que, con el paso de los años, ha llegado a ser bastante especial para mí: ésta de Pícara de la que quiero hablar hoy.
Quizás sería completamente desorbitado hacer una valoración de la evolución de Pícara a manos de Chris Claremont. Bastará decir que, con el paso de los años y bajo la magnífica pluma del “patriarca mutante”, Pícara pasó de ser una vulgar secundaria a una de las mujeres X más carismáticas, queridas y admiradas tanto dentro como fuera de las páginas de las series mutantes. Su belleza pronto quedó al descubierto gracias a los lápices de Marc Silvestri y Jim Lee, así que no se tardó mucho en buscarle un interés romático que viniera a crear algo más de drama, puesto que los poderes de la joven le impedían, y aún le impiden, tocar a los demás. El elegido fue el enigmático Gambito, uno de los últimos personajes creados por Claremont en su primera etapa como guionista de Uncanny X-Men.
La relación de estos dos personajes estuvo marcada desde el principio por la más que evidente tensión sexual entre ambos. Algo lógico siendo ambos guapos, atractivos y compartiendo residencia, entrenamientos y arriesgando la vida el uno por el otro día sí y día también. Tanto a los guionistas como a los fans nos encantó la pareja, hasta el punto de que, casi imperceptiblemente, toda la vida de Pícara comenzó a girar en torno a la de Gambito, casi como si lo vivido anteriormente en la Patrulla X y en la Hermandad de Mutantes Diabólicos no mereciera ser recordado. Así, la sureña se vio afectada por la llegada de Bella Donna y por los turbios asuntos relacionados con Candra, Nueva Orleáns y los Clanes de Asesinos y Ladrones. Es por ello que su primera miniserie se centra también en estos aspectos y que, además, sirviera para dar carpetazo a uno de los momentos más trascendentales de la vida de Pícara.
Al comienzo de la historia, Pícara vuela hacia una clínica en la que está ingresado Cody, el chico al que besó en su adolescencia y cuyo beso despertó sus poderes mutantes. El joven lleva en coma desde entonces. Al mismo tiempo, Bella Donna planea vengarse de Pícara, la cual le robó sus recuerdos sin querer en la primera miniserie de Gambito, y decide atacar a su enemiga a través de Cody. Manda a varios de sus lacayos a secuestrarle, por lo que Pícara viaja hasta Nueva Orleáns para rescatarle, reuniéndose con Gambito. La lucha final en el santuario del Clan de Asesinos será una de las batallas más míticas de Pícara. Tras superar diversos ataques psicológicos que le recuerdan errores del pasado (Ms Marvel…) y ver cómo corre peligro la vida de Gambito, además de la de Cody, Candra les quita los poderes a la mujer X y a Bella Donna y, cual Tormenta luchando con Calisto, ambas luchan con puños y cuchillos. No hace falta decir que Pícara gana el combate, pero no consigue salvar la vida de Cody. Gracias los poderes de Tante Mattie, Pícara y Cody pueden despedirse para siempre, en una de las escenas más emotivas vividas por la mutante del mechón blanco.
Mucho ha llovido desde 1995 para Pícara y Gambito. En los momentos previos al fin del mundo, se dieron un apasionado beso que, tras el fin de La Era de Apocalipsis, serviría a los guionistas para explorar su relación y llevarla hasta límites insospechados. Pícara marchó con el Hombre de Hielo en busca de respuestas acerca de lo que “vio” en la mente de Remy, mientras que él dio muestras de ser aún más oscuro de lo que se intuía. Pese a que la presencia de Joseph, el clon de Magneto, puso en peligro la relación otra vez, sólo el descubrimiento del papel que Gambito había tenido en la Masacre Mutante fue un serio inconveniente para la pareja. Pero todo pasa y nada queda, así que los guionistas volvieron a reunirlos y desde entonces se han mantenido juntos, eso sí, con mucho altibajos, pérdida de poderes (con todo lo que eso conlleva) incluida. Tuvieron la oportunidad de vivir felices y como una pareja normal durante varios meses, pero sus deberes como Hombres X pesaron más y su vuelta a la Patrulla X no pudo ser más catastrófica. Primero, Remy se quedó ciego y, luego, Pícara cayó en el engaño que Mística, bajo la apariencia de Foxx, le tendió al hacerle creer que Gambito le había sido infiel. Su relación se tambaleaba y ni siquiera la experta ayuda de la terapeuta sexual Emma Frost podía hacer mucho por ellos. Por si fuera poco, Apocalipsis convirtió a Gambito en su nuevo Jinete y, tras ser derrotado, éste marchó hacia un destino desconocido. Así, ahora Pícara dirige el grupo independiente de la Patrulla X mientras que Gambito se ha pasado al bando enemigo. Todo apunta a que la próxima reunión entre ellos será muy dolora. O eso esperamos los lectores de la etapa de Mike Carey.

La miniserie de Pícara estaba escrita por Howard Mackie, guionista al que siempre le ha seguido la polémica. Este antiguo editor Marvel tiene en su haber el honroso mérito de ser el guionista de la época más oscura de Spider-Man, el escritor de la etapa final de X-Factor o de Mutante X (que no brillaron por su calidad) y quien relanzó en los 90 a los personajes más oscuros de Marvel gracias al éxito de la serie del segundo Motorista Fantasma. Se le ha criticado siempre su tendencia a no cerrar los cabos sueltos, a presentar personajes misteriosos cuyo origen no era desvelado y el vender muchos cómics que, realmente, no merecían demasiado la pena para algunos. Sea como fuere, hasta sin firmar la historia se vio salpicado en la polémica cuando Marvel publicó, dentro de la línea mutante, La Hermandad, sobre un grupo terrorista mutante. Pese a que la serie se cerró muy pronto tras el 11-S, la identidad del guionista, que firmaba como Mr X, no ha sido revelada. Muchos apuntaban a Mackie, aunque la versión “oficial” de Quesada es que fue Mark Felt (el garganta profunda del Watergate ¬¬) y nunca se ha podido descartar a otros autores. Tras esto, le perdí la pista (según me cuenta Yota, cayó en desgracia a comienzos de la “Era Quesada” porque era un enchufado) y si no fuera por la Wikipedia no sabría mucho más de él.

Como dije al principio, esta miniserie ha llegado a ser muy especial para mí con los años. La razón es, sin lugar a dudas, su dibujante. En estas páginas entré en contacto por primera vez con el malogrado Mike Wieringo, un autor que, desde entonces, siempre me gustó y del que aprendí más de un truco y de dos al copiar sus páginas cuando aún tenía tiempo (y ganas) de dibujar. Pese a que aún estaba bastante “verde” en relación a su posterior evolución, su estilo cartoon me encandiló desde la primera hoja y aún hoy me maravilla echar un vistazo a las páginas de esta miniserie. Le perdí la pista durante varios años por aquello de que se dedicó a trabajar bien con otras editoriales que no eran Marvel o bien en las series arácnidas, a las que no me he acercado mucho salvo puntualmente. Disfruté, por el contrario, como un enano con su etapa en Los 4 Fantásticos junto a Mark Waid, en la que destaca, sin lugar a dudas, el momento en el que el grupo de aventureros se encuentra con “Dios” Kirby. Un número emotivo, vibrante y que para mí es ya un clásico moderno gracias tanto a la historia de Waid como al dibujo limpio, agradable, ¿perfecto? de Wieringo.
Uno de los primeros autores cuyo blog localicé en Internet fue el de Wieringo, así que durante unos cuantos meses, pude observar su trabajo, leer sus textos y me hice una imagen mental bastante agradable de él. Sus textos transmitían ilusión por su trabajo, sus ganas por gustar a los lectores, su interés por mejorar, las ganas de comunicarse con los fans,… en definitiva, su amor por los cómics. Parecía disfrutar al máximo con lo que hacía y eso se notaba en sus páginas. Por eso me cogió tan de sorpresa su fallecimiento este pasado agosto. No sólo porque era un hombre muy joven, sino porque parece que haya gente que aún tenga mucho que aportar y que no es justo que se vayan antes de que puedan hacerlo. Pero, bueno, la vida es así y siempre nos quedará su magnífica obra para recordarle como se merece y, de esta forma, siempre estará entre nosotros.
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