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Factor Nostalgia: The New Warriors

30 noviembre, 2013 2 comentarios

Texto originalmente publicado en +QCómics el 3 de agosto de 2007

Night Trasher… ¡¡Una misteriorsa arma contra el crimen!! Namorita… ¡Híbrida Atlante! Kid Nova…¡El cohete humano! Speedball… ¡Una bola elástica de energía! Firestar…¡Maestra mutante de la radiación! Marvel Boy…¡Una furia telekinética!
Stan Lee Presenta: ¡The New Warriors!
¡¡¡Los Héroes de los 90!!!

Introducción a la serie clásica de los New Warriors (1990)

—–¿De qué narices estás hablando, gordo? No tengo nada que ver con Speedball o Los Nuevos Guerreros. Esos tíos eran de tercera, como mucho.

Johnny Storm, Civil War #1. 2006

Dieciséis años es demasiado tiempo editorialmente hablando. Y espero que estas dos citas con las que he decidido introducir este breve texto sirvan como clara evidencia de ello. ¿Qué ha ocurrido en estos 16 años para que la serie que, sin lugar a dudas, fue una de las grandes series Marvel a comienzos de los años 90 y máximo representante del buen hacer de la Casa de las Ideas ahora sea clasificada por la Antorcha Humana como grupo de “tercera”? Pues, en mi opinión, ser víctima del éxito y, además, haber nacido en los años 90. Pongámonos en situación.Año 1989. En medio de la saga “Actos de Venganza” (en la que los villanos se intercambiaban los héroes con la esperanza de derrotarlos), Thor se enfrenta al Juggernaut. En medio del combate aparece un nuevo grupo de superhéroes adolescentes que ayudan al dios nórdico contra el, por entonces, imparable villano. La semilla estaba plantada. Sabiendo cómo funciona la mente de los frikis, los editores se olieron que una serie protagonizada por estos personajes tendría suficiente éxito para mantenerse, al menos, durante un tiempo. Y así fue, pero de una forma muy inesperada. Nada más salir el primer número fue un éxito instantáneo. Así ocurrió también con los siguientes. Todos ellos agotados en pocos meses. Y estamos hablando de una época en la que las tiradas eran bastante más superiores que las de hoy en día. Estaba claro que Los New Warriors habían venido para quedarse.¿Cuáles fueron las claves de su éxito? Pues, personalmente, creo que podríamos achacárselo a varias causas. En primer lugar, los personajes. Jóvenes héroes de distinta índole. Namorita, una guerrera atlante. Estrella de Fuego y Marvel Boy, dos mutantes prácticamente desconocidos. Nova, un personaje que brilló fugazmente en los 70. Speedball, la enésima actualización del personaje prototípico a lo Spider-Man. Night Trasher (traducido horriblemente como Trillador Nocturno… ¿Quién podría tomarse en serio a alguien con este nombre?), una especie de cruce entre Batman y Iron Man pero en negro. Pese a ser totalmente heterogéneo, el grupo parecía empastar. Teníamos, por un lado, la veteranía de Nova y Namorita. Por otro, la sensatez de Estrella de Fuego y Marvel Boy. Speedball era el elemento cómico y tocanarices del grupo. Night Trasher era quien daba las órdenes y ponía los medios para que el grupo pudiera desarrollar su carrera contra el crimen. Además, había unos cuantos secundarios que pronto interesaron al público. Silueta, Andrew Cuerda o la enigmática ama de llaves, Tai.

Otro elemento que, sin lugar a dudas, encandiló a cientos de miles de lectores fueron las magníficas historias de Fabián Nicieza en la primera etapa de la serie. No obstante, el primer villano al que tenían que hacer frente, y al que derrotaban, era a, ni más ni menos, que Terrax, uno de los heraldos de Galactus. Eso les ganaba el favor de los Vengadores y del Capitán América, aunque aún les considerasen “niños”. El gran acierto de Nicieza fue ir introduciendo nuevos villanos (como Fuego de Medianoche, el Ladrón de Estrellas, las Fuerzas de la Naturaleza, Psionex, el Círculo Envolvente, la Esfinge…) e ir compaginándolos con villanos de cierto prestigio en Marvel, como El Pensador Loco, Emma Frost o Gideón. Pronto tuvieron también las visitas de otros ilustres personajes, que eran tan características en la época y que ayudaban a crear sentimiento de continuidad y cohesión entre las series de la editorial, algo que, aunque se está recuperando en estos días, ha perdido mucho por culpa de la política de Joe Quesada. Así, vimos pasar por las páginas de la serie a Los Vengadores, Los Inhumanos, Punisher (junto a Lobezno, Spider- Man y el Motorista Fantasma, los “4 fantásticos” de la Marvel de los 90, salían hasta en la sopa) o Spiderman (¿veis?).

Hubo grandes historias. Personalmente, me quedo con Futuro del Ayer (la Esfinge convertía La Tierra en una versión de sí misma dominada por mitología y elementos egipcios), el número en el que Marvel Boy, harto de los malos tratos de su padre, le mata sin querer y el proceso judicial que acaba con el personaje en la cárcel, la saga Nada más que la verdad (con nuevas incorporaciones al grupo, Rabia y Darkhawk) y, sobre todo, Fuerzas de la Oscuridad, recopilada en España en una miniserie y en la que vimos desfilar a muchas estrellas invitadas de Marvel: Arcángel, Capa y Puñal, el Dr Extraño, etc, etc. Hasta aquí, y como veremos cuando termine de hablar de los dibujantes de la serie, Los Nuevos Guerreros contaban con historias de gran calidad, con tramas en las que primaba la acción, pero en las que también había sitio para reflejar situaciones de injusticia de la época (malos tratos, drogas, bandas, críticas al, por entonces, naciente cambio climático…) y para la interacción entre los protagonistas, surgiendo en ese momento las relaciones entre Night Trasher y Silueta, Nova y Namorita y Justicia y Estrella del Fuego (sí, Speedball parecía estar aguantando velas la mayoría del tiempo jejeje).Qué decir de los dibujantes. Un casi primerizo Mark Bagley que aún no se dedicaba a poner 20 primeros planos en cada página como hace ahora en Ultimate Spider-Man y un más que correcto Darick Robertson que sucedió al primero en el número 26 de la serie. Bagley fue quien más hizo por dotar a la serie de espectacularidad. Su dibujo está lleno de fuerza, de movimiento, de expresividad. Aún hoy, más de quince años después, podemos disfrutar de la obra de un autor que no ha dejado de mejorar (hasta que se topó con los guiones de Bendis en la serie Ultimate anteriormente mencionada, que, en mi opinión, le hacen flaco favor en más de un momento). Y Darick Robertson, pues a él le tocó bailar con la más fea. Su dibujo fue espectacular y sus sustitutos, un tal Richard Pace y Patrick Zircher, hicieron un trabajo más que correcto, pero para aquellos momentos, las historias ya no eran lo que habían sido, sobre todo tras la marcha de Nicieza. Y es que, no podemos olvidarlo, los New Warriors fueron los héroes de los años 90. O de la primera mitad de los años 90, en la segunda mitad los héroes por excelencia fueron, sin lugar a dudas, los Thunderbolts. ¿Y qué significaba ser “héroe de los 90”? Pues que te salían mil y un spin offs, como las series regulares de Nitgh Trasher y Nova. Que te colaban personajes que estaban o bien de moda (Darkhawk) o bien no tenían dónde acabar (Capa y Puñal, algunos Power Pack, Turbo…) o, simplemente, que te los colaban con calzador para subir las ventas cuando la cosa empezaba a peligrar. Éste fue el caso de la Araña Escarlata, miembro del grupo durante una breve etapa al final del primer volumen de la serie. Para cuando la Araña Escarlata entró en el grupo, la serie ya estaba tocada de muerte en los guiones. Siguiendo la moda, Namorita había sido cambiada y ahora, además de azul, era más dura y brutal que nunca, había personajes con pistolones, los villanos eran cada vez más “high-tech”… poco quedaba ya del espíritu original. La serie se cerró en el número 75.

Fue continuada luego, a finales de década, por una serie regular que sólo aguantó 1o números, más un número 0, y que nunca se publicaron en España. Luego salió la miniserie que Panini ha recopilado hace poco como “preludio” a la Guerra Civil, la divertidísima saga en la que se convierten en protagonistas de un reality show. Y, bueno, luego está lo ocurrido en el primer número de Civil War… menuda forma de acabar con personajes tan carismáticos. Y, tras Civil War, ha salido otra nueva serie que, parece, está bastante bien. Ya la leeremos. De entre sus personajes, hemos de destacar a dos. Justicia (el antiguo Marvel Boy) y Estrella de Fuego. Se convirtieron en Vengadores de pleno derecho en la etapa Héroes Return de Kurt Busiek y George Pérez. Vivieron algunas de las etapas más convulsas de la historia de los Héroes Más Poderosos de La Tierra y, tras la marcha del guionista, han estado perdidos hasta muy recientemente. Con la Civil War, hemos visto a Angélica abandonar la carrera como superheroína por estar en contra del registro y próximamente tendremos a Justicia hasta en la sopa. Otro personaje que ha tenido su gran momento, aunque mucho más recientemente (a pesar de la malograda serie regular que Larsen realizó y que se canceló al séptimo número), ha sido Nova, uno de los protagonistas de Aniquilación, la interesantísima historia con la que Marvel está revitalizando su apartado cósmico y en el que Richard Rider tendrá un papel fundamental.Por último, los devenires editoriales no fueron exclusivos de los EEUU. La serie también atravesó una época de cambios en España y creo que podríamos señalarla como una de las series que reflejan los cambios que sufrió Forum (esa editorial que nunca existió) a principios y mediados de los 90. Comenzó abriendo la novedosa línea de cómics de 24 páginas (y que duraban más que los actuales de 48, curiosamente). Esto, probablemente, hizo que mucha gente se fijase en ella, puesto que, como no se cansaba de repetir el correero, Roque González, era una serie con muchísimo éxito. Sin embargo, si alguien no recuerda la política de Planeta de aquella época, consistía en inundar el mercado con muchísimas series como forma de ir minando poco a poco a la competencia (y a mí que esto me suena de algo…). Así que se editaba casi todo lo que salía en Marvel. Por esta razón vimos en España series como la de Night Trasher o la de Nova, aunque fuera en miniseries. Cuando el mercado empezó a saturarse, salieron aquellos tomos llamados “familiares”, que contenían un número (a veces dos) de cada serie que se encontraba en relación a una serie “madre”. New Warriors fue una de las series que acabó en ese formato (como las series del 2099 o las de Espíritus de la Venganza) y acabó compartiendo tomo con la serie regular de Night Trasher, la de Nova, la miniserie de Justicia o la serie regular de un personaje tan olvidado y olvidable como Darkhawk. Tras la Era de Apocalipsis, aproximadamente, se produjo la llamada “Marvelution”, en la que muchas series volvieron al formato 24 páginas y se publicaron con el nuevo tipo de papel, que resaltaba el coloreado por ordenador. New Warriors, aprovechando que la Araña Escarlata estaba por ahí de vez en cuando, acabó dentro de la línea Spider – Man. Así duró hasta que se acabó la serie.

Como hemos visto, The New Warriors fue un grupo que, lamentablemente, no supo ser adaptado por los guionistas a los nuevos tiempos. Se quedó estancado o fue convertido en un grupo poco original, muy similar a los que veíamos en otras series y otras editoriales, como Image, Awesome e incluso DC. Quizás el hecho de “ser los héroes de los 90” marcó su destino. Esperemos que esto no pase a los más recientes héroes de la década en Marvel: los Runaways y los Jóvenes Vengadores. Quizás algún día sean usados también como cabeza de turco para desencadenar un conflicto que, en mi opinión, está llevado con demasiada precipitación por parte de la editorial. Que menudo pataleo se cogen por el Acta de Registro de quien casi nadie había oído hablar hasta un par de meses antes de que empiece la Guerra Civil… ainsss…
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Factor Nostalgia: Escuadrón Supremo (Mark Gruenwald)

26 noviembre, 2013 Deja un comentario

Texto originalmente publicado en +QCómics el 27 de septiembre de 2007

Empezamos a creer que siempre sabíamos lo que estábamos haciendo… que nuestros nobles fines justificaban nuestros innobles medios.
Mark Milton. Hyperión.
Los héroes más poderosos de la Tierra pasando por su peor momento. Héroes enfrentados por cuestiones políticas. Villanos reconvertidos a héroes. Traiciones. Los héroes en entredicho. Combates que cuestan vidas a muchos héroes. Los héroes desvelando su identidad al público y abandonando las máscaras. Decisiones políticas que costarán caro. Héroes cuyos destinos cambiarán para siempre.
No, no hablo de la Civil War, como podéis comprobar leyendo el título de este post. El Escuadrón Supremo de Mark Gruenwald. Doce números que cuentan una historia de la que no sólo se han “adaptado” más de una y dos ideas en el actual conflicto entre los superhéroes Marvel, sino que, encima, desarrolla esas ideas de una forma mucho menos precipitada, coherente y efectiva que el crossover de Millar con sus ochenta tie-ins. Y es que, no nos engañemos, la Civil War está muy bien, sí, pero habría estado bastante mejor si un aire de precipitación no recorriese sus páginas desde el primer momento. Que si una ley de registro de la que no se había oído a hablar hasta un par de meses antes, que si unos relaciones entre personajes que surgen espontáneamente, que si una formación de grupos prácticamente instantánea… Esto no ocurre en la miniserie de la que voy a comentar un par de cosillas hoy.

Para empezar, deberíamos ponernos en situación. Estamos en 1985. Es importante tener en cuenta esta fecha para entender la valía de lo que el escritor nos plantea. Estamos en una Tierra Paralela que ha sido devastada por la llegada de Mente Suprema, que manipuló al Escuadrón Supremo (excepto a su líder, Hyperión) y al presidente de los EEUU para declarar la guerra a todos los países del mundo que se le opusieran. Como resultado, el mundo está sumido en el caos. La economía está por los suelos, las hambrunas sacuden a la población y nadie confía en los únicos héroes del mundo: El Escuadrón Supremo. Sin embargo, ellos se han propuesto recuperar la confianza del público y, para ello, se propondrán el plan más ambicioso que jamás ha llevado a cabo un héroe: solucionar todos los problemas que sacuden a La Tierra. El Plan Utopía. Algo que sólo han tratado de hacer, que yo recuerde, Thor en la etapa Jurgens y un grupo de “villanos” creados por Ellis en StormWatch que serían el precedente más claro de The Authority, que también haría algo así en la recientemente publicada en España “Revolutions”. Y, repito, estamos en 1985.

Obviamente, Mark Gruenwald no era Alan Moore, así que esta serie no podemos destacarla por sus niveles de lectura, su mayor o menor perfección argumental o por el hecho de ser una historia cerrada, puesto que más de un cabo suelto queda. Sin embargo, en estas páginas encontraremos algunas de las reflexiones en torno al poder absoluto, o supremo, más acertadas que podríamos encontrar en un cómic de superhéroes. Porque, pese a la gran carga política de la obra, en ningún momento Gruenwald se aleja del estereotipo superheroico. Y eso es lo que más destaca en el planteamiento de la historia.

Gruewald se esforzó en plasmar a unos héroes muy vulnerables. Los alejó de sus frías y casi míticas y evidentes contrapartidas de DC y les dotó de una humanidad que se sustentaba en tres aspectos. En primer lugar, el Escuadrón Supremo se mueve gracias a sus pasiones. Pese a la gran misión que se han propuesto, la frialdad y la objetividad son dos características que destacan por su ausencia en los personajes. Si no conocías de nada a los personajes, al finalizar la serie los conocerás perfectamente hasta en su fuero más íntimo. La pasión que más se explota será, obviamente, la amorosa. Todos los personajes de la serie sufrirán las consecuencias del amor y del desamor. Algunos, físicamente, como Hyperión, que quedará ciego al combatir al impostor del que se ha enamorado la Princesa Poder. Otros en su psicología, como Lady Alondra, sugestionada por la máquina de cambio de conductas para enamorarse locamente del Arquero Dorado.
Un segundo aspecto, muy ligado al anterior, es que el Escuadrón Supremo no tiene nada de “supremo”. Al contrario. Son personajes con demasiados defectos como para dejar en sus manos el destino de todo un planeta a menos que, como ocurre al comienzo de la historia, se esté tan desesperado que hasta esa opción sea mejor que cualquier otra. Los miembros del Escuadrón se dejan guiar por sus pasiones más viscerales. La envidia, el odio, los celos, la lujuria. Todas ellas están patentes casi en cada página. Las relaciones interpersonales en el seno del grupo no son, precisamente, cordiales. El Plan Utopía pone en contra desde el principio a varios miembros, que acabarán por marcharse y hasta por conspirar contra sus antiguos aliados. La tensión amorosa también tiene consecuencias graves. El desamor y la falta de amor también aleja a estos héroes de la sombra cuasi perfecta de la JLA y nos muestra cómo el hombre más inteligente del mundo tiene un enorme complejo de inferioridad y una enorme necesidad de entablar lazos personales con sus compañeros. O, también, cómo el rechazo amoroso es tan insoportable en algunas ocasiones que lleva a cometer los mayores errores, ésos que no tienen una solución fácil.
El tercer aspecto, y el más importante, es la ambigüedad moral. Si ya de por sí la historia posee una alta dosis de ambigüedad política al dejar la reconstrucción del planeta en manos de quienes casi lo destruyeron, la evidente imperfección de los miembros del Escuadrón Supremo hace que el lector esté constantemente preguntándose cómo de mal acabará la historia. Y, por si fuera poco, con la introducción de la máquina de modificación conductual se abre otro camino para la duda: ¿Hasta qué punto es ético lavar el cerebro a los criminales para que dejen de actuar como tales? ¿Hasta dónde se llegará con el uso de esta máquina? Este invento de Tom Thumb es el eje sobre el que gira toda la historia, pese a que inicialmente no lo pueda parecer. La manipulación a la que El Escuadrón está dispuesto a someter a sus enemigos hace que algunos de sus miembros se alejen del grupo o que permanezcan en él con reticencias. El conflicto está servido. Además, la modificación de la mente de Lady Alondra llevaba a cabo por Arquero Dorado pone de manifiesto que es un arma peligrosa, pero, una vez más, los sentimientos nublan el juicio al grupo y deciden seguir adelante con el proyecto.
De esta manera, el Escuadrón irá supliendo las bajas (voluntarias, involuntarias y por defunción) de sus miembros con villanos reformados a la fuerza hasta el punto de que, llegado el último número, sólo seis componentes originales quedarán junto a otros tantos villanos. Sin embargo, con lo que no contaban es con que uno de sus antiguos compañeros se hubiera aliado con un villano y que hubiesen desprogramado a los exvillanos. Obviamente, en el último número de la serie se desarrolla un gran combate del que no todos los personajes saldrán con vida. De hecho, hay una masacre bastante interesante durante la que todos los personajes mostrarán su verdadera cara. Muchas víctimas inocentes y, sin embargo, pocas víctimas en el Escuadrón, que tendrá que lamerse las heridas y asumir que, sí, salvaron al mundo, que le dieron todo lo que le hacía falta para prosperar económicamente, que dieron con la solución para evitar la muerte y las enfermedades incurables y, a cambio, lo único que dieron fue su alma. De ahí las palabras con las que he comenzado este texto.

Escuadrón Supremo es una obra muy madura que seguramente no estaba destinada al público potencial habitual en el comic book americano de aquellos años. Una obra en la que la controversia y la crítica social son fundamentales y que, en mi opinión, se adelantó casi 20 años a su tiempo. Tuvimos que esperar muchos años hasta que los autores en Marvel volvieron a plantearse algo similar. El Thor de Jurgens. La Civil War. El proyecto con los villanos de los Thunderbolts en la Civil War. Incluso Supreme Power, la recreación del siglo XXI del Escuadrón. Todos ellos parecen haber revolucionado o estar revolucionando el Universo Marvel, pero pocos podrán negar que el germen de todas esas historias se encuentra en esta miniserie muy olvidada por las editoriales españolas y que, sin duda, merece una reedición.

Actualizado: Por sugerencia de Ismael en los comentarios, enlazo dos posts sobre la serie. A ver si con un poco de difusiòn se va generando màs interès por la obra:

El Escuadròn Supremo en MisComics

El Escuadròn Supremo en El CritiKrator

Factor Nostalgia. Pícara (1995). Howard Mackie y Mike Wieringo

21 noviembre, 2013 Deja un comentario

Texto originalmente publicado en +QCómics el 30 de octubre de 2007

“Vive tu vida al máximo… por los dos. Sabes que siempre estaré contigo.”
Cody Robbins
El año 1995 siempre será recordado por los fans mutantes porque fue el año en que Marvel hizo uno de los movimientos más osados que se puede recordar: cerrar todas las series mutantes para dar paso a La Era de Apocalipsis. Un mundo nuevo, un mundo distorsionado, un mundo que no podría existir demasiado tiempo. Justo antes de que la búsqueda de Legión en el pasado tuviera lugar, comenzó a publicarse una miniserie que, con el paso de los años, ha llegado a ser bastante especial para mí: ésta de Pícara de la que quiero hablar hoy.
Quizás sería completamente desorbitado hacer una valoración de la evolución de Pícara a manos de Chris Claremont. Bastará decir que, con el paso de los años y bajo la magnífica pluma del “patriarca mutante”, Pícara pasó de ser una vulgar secundaria a una de las mujeres X más carismáticas, queridas y admiradas tanto dentro como fuera de las páginas de las series mutantes. Su belleza pronto quedó al descubierto gracias a los lápices de Marc Silvestri y Jim Lee, así que no se tardó mucho en buscarle un interés romático que viniera a crear algo más de drama, puesto que los poderes de la joven le impedían, y aún le impiden, tocar a los demás. El elegido fue el enigmático Gambito, uno de los últimos personajes creados por Claremont en su primera etapa como guionista de Uncanny X-Men.
La relación de estos dos personajes estuvo marcada desde el principio por la más que evidente tensión sexual entre ambos. Algo lógico siendo ambos guapos, atractivos y compartiendo residencia, entrenamientos y arriesgando la vida el uno por el otro día sí y día también. Tanto a los guionistas como a los fans nos encantó la pareja, hasta el punto de que, casi imperceptiblemente, toda la vida de Pícara comenzó a girar en torno a la de Gambito, casi como si lo vivido anteriormente en la Patrulla X y en la Hermandad de Mutantes Diabólicos no mereciera ser recordado. Así, la sureña se vio afectada por la llegada de Bella Donna y por los turbios asuntos relacionados con Candra, Nueva Orleáns y los Clanes de Asesinos y Ladrones. Es por ello que su primera miniserie se centra también en estos aspectos y que, además, sirviera para dar carpetazo a uno de los momentos más trascendentales de la vida de Pícara.
Al comienzo de la historia, Pícara vuela hacia una clínica en la que está ingresado Cody, el chico al que besó en su adolescencia y cuyo beso despertó sus poderes mutantes. El joven lleva en coma desde entonces. Al mismo tiempo, Bella Donna planea vengarse de Pícara, la cual le robó sus recuerdos sin querer en la primera miniserie de Gambito, y decide atacar a su enemiga a través de Cody. Manda a varios de sus lacayos a secuestrarle, por lo que Pícara viaja hasta Nueva Orleáns para rescatarle, reuniéndose con Gambito. La lucha final en el santuario del Clan de Asesinos será una de las batallas más míticas de Pícara. Tras superar diversos ataques psicológicos que le recuerdan errores del pasado (Ms Marvel…) y ver cómo corre peligro la vida de Gambito, además de la de Cody, Candra les quita los poderes a la mujer X y a Bella Donna y, cual Tormenta luchando con Calisto, ambas luchan con puños y cuchillos. No hace falta decir que Pícara gana el combate, pero no consigue salvar la vida de Cody. Gracias los poderes de Tante Mattie, Pícara y Cody pueden despedirse para siempre, en una de las escenas más emotivas vividas por la mutante del mechón blanco.
Mucho ha llovido desde 1995 para Pícara y Gambito. En los momentos previos al fin del mundo, se dieron un apasionado beso que, tras el fin de La Era de Apocalipsis, serviría a los guionistas para explorar su relación y llevarla hasta límites insospechados. Pícara marchó con el Hombre de Hielo en busca de respuestas acerca de lo que “vio” en la mente de Remy, mientras que él dio muestras de ser aún más oscuro de lo que se intuía. Pese a que la presencia de Joseph, el clon de Magneto, puso en peligro la relación otra vez, sólo el descubrimiento del papel que Gambito había tenido en la Masacre Mutante fue un serio inconveniente para la pareja. Pero todo pasa y nada queda, así que los guionistas volvieron a reunirlos y desde entonces se han mantenido juntos, eso sí, con mucho altibajos, pérdida de poderes (con todo lo que eso conlleva) incluida. Tuvieron la oportunidad de vivir felices y como una pareja normal durante varios meses, pero sus deberes como Hombres X pesaron más y su vuelta a la Patrulla X no pudo ser más catastrófica. Primero, Remy se quedó ciego y, luego, Pícara cayó en el engaño que Mística, bajo la apariencia de Foxx, le tendió al hacerle creer que Gambito le había sido infiel. Su relación se tambaleaba y ni siquiera la experta ayuda de la terapeuta sexual Emma Frost podía hacer mucho por ellos. Por si fuera poco, Apocalipsis convirtió a Gambito en su nuevo Jinete y, tras ser derrotado, éste marchó hacia un destino desconocido. Así, ahora Pícara dirige el grupo independiente de la Patrulla X mientras que Gambito se ha pasado al bando enemigo. Todo apunta a que la próxima reunión entre ellos será muy dolora. O eso esperamos los lectores de la etapa de Mike Carey.

La miniserie de Pícara estaba escrita por Howard Mackie, guionista al que siempre le ha seguido la polémica. Este antiguo editor Marvel tiene en su haber el honroso mérito de ser el guionista de la época más oscura de Spider-Man, el escritor de la etapa final de X-Factor o de Mutante X (que no brillaron por su calidad) y quien relanzó en los 90 a los personajes más oscuros de Marvel gracias al éxito de la serie del segundo Motorista Fantasma. Se le ha criticado siempre su tendencia a no cerrar los cabos sueltos, a presentar personajes misteriosos cuyo origen no era desvelado y el vender muchos cómics que, realmente, no merecían demasiado la pena para algunos. Sea como fuere, hasta sin firmar la historia se vio salpicado en la polémica cuando Marvel publicó, dentro de la línea mutante, La Hermandad, sobre un grupo terrorista mutante. Pese a que la serie se cerró muy pronto tras el 11-S, la identidad del guionista, que firmaba como Mr X, no ha sido revelada. Muchos apuntaban a Mackie, aunque la versión “oficial” de Quesada es que fue Mark Felt (el garganta profunda del Watergate ¬¬) y nunca se ha podido descartar a otros autores. Tras esto, le perdí la pista (según me cuenta Yota, cayó en desgracia a comienzos de la “Era Quesada” porque era un enchufado) y si no fuera por la Wikipedia no sabría mucho más de él.

Como dije al principio, esta miniserie ha llegado a ser muy especial para mí con los años. La razón es, sin lugar a dudas, su dibujante. En estas páginas entré en contacto por primera vez con el malogrado Mike Wieringo, un autor que, desde entonces, siempre me gustó y del que aprendí más de un truco y de dos al copiar sus páginas cuando aún tenía tiempo (y ganas) de dibujar. Pese a que aún estaba bastante “verde” en relación a su posterior evolución, su estilo cartoon me encandiló desde la primera hoja y aún hoy me maravilla echar un vistazo a las páginas de esta miniserie. Le perdí la pista durante varios años por aquello de que se dedicó a trabajar bien con otras editoriales que no eran Marvel o bien en las series arácnidas, a las que no me he acercado mucho salvo puntualmente. Disfruté, por el contrario, como un enano con su etapa en Los 4 Fantásticos junto a Mark Waid, en la que destaca, sin lugar a dudas, el momento en el que el grupo de aventureros se encuentra con “Dios” Kirby. Un número emotivo, vibrante y que para mí es ya un clásico moderno gracias tanto a la historia de Waid como al dibujo limpio, agradable, ¿perfecto? de Wieringo.
Uno de los primeros autores cuyo blog localicé en Internet fue el de Wieringo, así que durante unos cuantos meses, pude observar su trabajo, leer sus textos y me hice una imagen mental bastante agradable de él. Sus textos transmitían ilusión por su trabajo, sus ganas por gustar a los lectores, su interés por mejorar, las ganas de comunicarse con los fans,… en definitiva, su amor por los cómics. Parecía disfrutar al máximo con lo que hacía y eso se notaba en sus páginas. Por eso me cogió tan de sorpresa su fallecimiento este pasado agosto. No sólo porque era un hombre muy joven, sino porque parece que haya gente que aún tenga mucho que aportar y que no es justo que se vayan antes de que puedan hacerlo. Pero, bueno, la vida es así y siempre nos quedará su magnífica obra para recordarle como se merece y, de esta forma, siempre estará entre nosotros.

Factor Nostalgia. La Muerte del Capitán Marv-Vell

17 noviembre, 2013 Deja un comentario

Texto originalmente publicado en +QCómics el 1 de febrero de 2008

Bienvenidos una vez más a Factor Nostalgia. En esta ocasión me gustaría hablaros de una historia que, en mi opinión, es de lectura obligada para todos los lectores de cómic superhéroes y, en general, para cualquier lector de cómic. Es más, creo que todo aquél que se considere Marvel Zombie y no haya leído esta historia debería hacerlo inmediatamente, puesto que estamos, casi sin lugar a dudas, ante la historia más rotunda, dura y emotiva de cuantas se han escrito en La Casa de las Ideas. Como ya sabréis por el título, se trata de La Muerte del Capitán Marvel, escrita y dibujada por Jim Starlin.
Publicada en la Marvel Graphic Novel nº 1, La Muerte del Capitán Marvel es una lectura obligatoria para todo lector de Marvel por diversas razones. En primer lugar, porque no hace falta saber nada del personaje para poder disfrutarla o, mejor dicho, sentirla y conmovernos como su autor pretende que lo hagamos. Starlin comienza usando un recurso bastante habitual en el medio: un flashback que nos relata cómo llegó el Capitán Marv-Vell a La Tierra durante una misión de exploración Kree y cómo se enamoró del planeta hasta el punto de rebelarse contra su propia raza para defender ese trozo de tierra lejano que comienza a sentir como su hogar. Su rebelión le costará cara. Una, su gran amor, morirá a consecuencia de sus acciones. También tendrá recompensas, como convertirse en el Protector del Universo gracias a la conciencia cósmica, a Eón y a un intento de relanzar al personaje por parte de Marvel y Jim Starlin, que trataron de subir las ventas de su serie y que, finalmente, decidieron acabar la historia de Marv a lo grande con esta historia.
Esta narración es interrumpida por Starfox y la acción vuelve al presente, en la que el Capitán Marvel, Mentor y Starfox acuden hasta una lejana base espacial de Thanos a recoger el cuerpo del villano, muerto poco tiempo antes. Una lucha contra los seguidores fanáticos de Thanos pone en evidencia que algo le ocurre al Capitán Marvel y un análisis posterior pone en evidencia lo que Marv ya sabía desde hacía tiempo: tiene cáncer, la “muerte negra” para los Kree, y le quedan pocos meses de vida. El propio Marv-Vell sabe que el origen de su enfermedad está en una lucha contra el villano terrestre Nitro en la que se expuso a un gas nervioso que ha acabado causando el cáncer. De esta forma, el héroe extraterrestre enamorado de los humanos está condenado a morir como uno más de los muchos humanos que sucumben a este terrible mal.
Starlin aprovecha esta situación para explorar a través de otros personajes las consecuencias y el impacto que la enfermedad de Marv tiene para muchos de sus amigos y compañeros. Así, los lectores somos testigos de la piedad y discreción del dolor que los habitantes de Titán, especialmente Starfox, Elysyus y Mentor sienten. Vemos también cómo se reflejan la incomprensión y el pánico en los ojos de Rick Jones, el gran amigo y compañero de aventuras del Capitán Marvel, que acude a pedir ayuda a quien cree que podrá salvar a su amigo, pero ni siquiera Los Poderosos Vengadores, Mister Fantástico o el Hechicero Supremo podrán hacer nada, puesto que las negabandas del Capitán Marvel, al mismo tiempo que le mantienen con vida, son las que impiden su salvación. A este respecto, quizás las palabras más duras y que más hagan reflexionar al lector las pronuncia un Spider-Man muy aturdido: “Nosotros morimos de un disparo o una bomba…No de algo como el cáncer. No puede ser.”
En este momento, Starlin tiene ya en el bolsillo a todos los lectores de la obra. Es absolutamente imposible no plantarse a reflexionar sobre nuestra propia existencia, sobre cómo creemos que seguiremos siempre adelante pase lo que pase, sobre cómo esquivamos la presencia constante de la muerte en todo momento. La sensibilidad con la que Starlin plantea la muerte del héroe nos deja a todos abrumados y maravillados. Es probable que nunca jamás haya escrito nada ni remotamente parecido otra vez, pero, al haber muerto su padre de esta enfermedad, seguramente tanta muestra de genialidad surgió durante un proceso catártico. Presenciar la lucha de alguien cercano contra la muerte es demoledor y todos los héroes del Universo Marvel, y varios villanos, se acercan para rendir tributo a Marvel, que fallecerá tras una batalla onírica y simbólica contra la Muerte en la que Thanos le hará comprender que luchar contra la muerte es una lucha sin esperanza: la muerte es la única certeza de la vida.
Tras una muerte tan sorprendente, tan digna y tan bien hecha, Marvel no se atrevió a resucitar al personaje. Y estamos hablando de la editorial que resucitó a Jean Grey (cuya primera muerte también fue excelentemente relatada y la segunda no está nada mal tampoco…) o que trajo de vuelta a la Tía May (a pesar de llevar 40 años amenazando a su sobrino de morirse de un infarto, sigue al pie del cañón la vieja marchosa…). No se atrevió, decía, a resucitar al personaje… hasta la Civil War, el conflicto causado (pese a lo que digan los seguidores de Iron Man y el bando pro-registro) por Nitro, el mismo villano que causó la muerte de Marv-Vell. Inmersos en la historia más grande jamás contada en el Universo Marvel, probablemente, desde los primeros años de su gestación a manos de Jack Kirby y Stan Lee (o de eso están convencidos Mark Millar y Joe Quesada), a alguien se le ocurrió que Marv debía regresar. Atrás quedan ya en el recuerdo Mónica Rambeau, ex líder de Los Vengadores, o sus hijos Genis Vell (en paz descanse) y Phyla Vell (que ahora ostenta el manto de otro gran héroe cósmico Marvel, todo sea dicho), dignos herederos del nombre del Capitán Marvel.
El Capitán Marvel ha regresado. Y de una forma bastante triste. En España ha sido publicada en el tomo Civil War: Crímenes de Guerra (el auténtico crimen es resucitar a Marv, sí, por si alguien se lo pregunta). Regresa en una historia muy de complemento que se carga toda la emoción de su muerte. A manos de uno de los personajes más insulsos de los últimos años: El Vigía (“soy el ser más poderoso de La Tierra, pero me dedico a atormentarme y a no aparecer mucho porque nadie sabe muy bien qué hacer conmigo… pero Bendis seguro que tiene un plan… ¿verdad?”). Para más efecto, Marv no ha resucitado, sino que ha sido sacado del continuum temporal y llevado al futuro. Ahora sabe que va a morir y deberá vivir con ello. Y, por lo que parece, será devuelto a su tiempo antes o después. De momento, ya tiene su propia miniserie, lo que ocurra después sólo el tiempo nos lo dirá.

En fin. Hay cosas que es mejor no tocarlas.

Harbinger: El Nacimiento de Omega

10 noviembre, 2013 Deja un comentario

Valiant, la editorial fundada por Jim Shooter y Bob Layton en 1989 y remozada y resucitada en 2012 por el ex-directivo de Marvel Peter Cuneo, por fin ha desembarcado en España de la mano de Panini. En el mes de octubre se publicaron los dos primeros tomos: X-O Manowar (que me pareció algo flojo en guión, pero una delicia en el dibujo gracias, en parte, mi gran debilidad por el arte de Cary Nord) y Harbinger. Ambas series se basan en las series publicadas durante los años 90 por la editorial, partiendo de cero para crear un nuevo universo Valiant. Como lector básicamente de Marvel, la idea de comenzar un nuevo universo superheroico siempre me ha atraído y le he dado muchas oportunidades a lo largo de mis años como lector de cómics y esta vez no iba a ser menos, especialmente por las buenas críticas recibidas por algunas de las series, como ésta que voy a comentar a continuación.

Harbinger

La premisa

Un futuro mejor… ¡O ningún futuro! Peter Stanchek camina por senderos impenetrables. Dotado desde su nacimiento de poderes que podrían cambiar el destino de la humanidad, Peter huye de las autoridades, perdido de ciudad en ciudad. Es un Harbinger, posiblemente el más potente que jamás haya existido. El jefe de la Fundación Harbinger, Toyo Harada, quiere darle la opción de redimirse y vivir en paz con sus poderes, pero la primera lección que tendrá que aprender es que su poder tiene un precio. [Comentario de Panini Cómics]

Opinión

Es bastante complicado sorprender a los lectores veteranos con un planteamiento original. Todo nos suena a algo ya conocido y es complicado convencernos de que determinadas historias son valedoras de nuestro tiempo y, especialmente, nuestro dinero. Me lo pensé bastante antes de hacerme con los primeros tomos de Valiant, pero lo hice esperando que las críticas leídas en diversos medios americanos fueran acertadas. Con X-O Manowar, de momento, tengo una relación de amor-odio: me gusta el dibujo, pero la historia me parece muy floja y los personajes poco definidos. Sin embargo, Harbinger me convenció con apenas dos o tres páginas. Una vez terminado el tomo, y reflexionando sobre lo que había leído, llegué a la conclusión de que el escritor Joshua Dysart ha conseguido un grandísimo equilibrio en la saga contenida en este volumen, presentando, desarrollando y sugiriendo múltiples personajes y conceptos que, aunque sean parecidos a otros, nos encandilan a lo largo de la lectura.

Harbinger trata sobre Peter, un adolescente más de los tantos que abundan en los cómics (bien podría haberse apellidado Parker y no Stanchek porque enseguida te familiarizas con él y su entorno igual que con el del trepamuros) que es un psiot (una especie de mutante psiónico o un “next men” o un “héroe” de los de la serie televisiva) y, por ello, ha sido internado en instituciones mentales durante gran parte de su vida. Tras haber huido con su esquizofrénico mejor amigo, Peter vuelve a su ciudad natal y pronto se mete en problemas al controlar la mente de su antigua vecina para, entre otras cosas, tener sexo con ella. En ese momento hace su aparición la Fundación Harbinger de Toyo Harada para poner a Peter a salvo y comenzar su redención como nuevo héroe… o no. Lo cierto es que Harada, al igual que Peter, se mueve por un camino gris magistralmente desarrollado por Dysart a lo largo de una historia en la que ni el protagonista es bueno ni el villano es malvado.

En Harbinger, como ya he ido dejando caer, encontramos múltiples referencias a historias ya vistas (Héroes, The Tomorrow People…) y leídas (X-Men, Next Men, Rising Stars…) pero utilizadas sin caer en la parodia. Dysart construye y desarrolla un universo que, en apenas unas páginas, resulta ya conocido y en el que es fácil moverse en esa división entre humanos, latentes y harbingers. Todo ello sin que dejen de pasar cosas en ningún momento, aprovechando casi cada página para avanzar en la historia. Las acciones de los personajes los humanizan mucho, alejándolos de los clichés heroicos y situándolos en la zona gris que mencioné más arriba y, para ello, el guionista introduce a Faith, una friki en toda regla, que parece destinada a convertirse en un personaje contrapuesto a Peter Stanchek y cuya brújula moral viene determinada por la cultura pop.

En definitiva, aunque no haya nada nuevo bajo el sol, Harbinger encandila y deja ganas de más utilizando de forma interesante conceptos previos y con un dibujo bastante potable a manos de Khari Evans.

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Thor: El Mundo Oscuro

3 noviembre, 2013 Deja un comentario

thor the dark world poster

Nueva película de la fase 2 de los Marvel Studios. La primera parte de Thor fue bastante controvertida. A mí me gustó… y eso que la vi en el cine con un gripazo impresionante y no recordaba bastantes cosas hasta que la volví a ver ya en DVD, en VOSE y en casita. Sin embargo, me parece que, sin estar mal, quedaba lejos de las películas de Hulk, Iron Man o Capitán América y, cómo no, a años luz de Los Vengadores de Joss Whedon. La película iba sobre cómo dar una lección de humildad a un dios y casi parecía que la lección de humildad se la querían dar a los Marvel Studios, que no había sino cosechado éxitos hasta ese momento. Kenneth Brannagh estuvo a la altura en muchos momentos de la película (la parte asgardiana, principalmente) y en otras parecía un director novato (esa pelea en el desierto… pfff).

En esta ocasión, creo que hay una mejoría notable en la película y que han apostado económicamente por ella, a pesar de tener un director, Alan Taylor, con menos “nombre” a pesar de su dilatada carrera televisiva (Juego de Tronos, Mad Men, Bored to Death, Los Soprano…). Por ejemplo, en la primera parte, la historia en Midgard transcurría básicamente en una calle y ahora la recreación de Londres es genial. La parte de Asgard era espectacular ya en la primera parte y en esta ocasión hay un aumento de calidad BRUTAL que deja escenas geniales. Todo ello se debe a que el alcance de la historia es, sin lugar a dudas, mucho mayor. Thor ya ha dejado atrás sus correrías juveniles y es ahora un protector jurado de los 9 reinos, en peligro tras los sucesos acontecidos en la película de Los Vengadores, dando pie a la continuidad entre las películas. Tras poner orden en una larga guerra que le ha llevado a enfrentarse a múltiples enemigos junto a Sif (que aparece poco, supongo, por el famoso accidente de Jaime Alexander durante el rodaje que casi le cuesta la vida) y Los 3 Guerreros,  Thor puede por fin centrarse en lo verdaderamente le interesa: Jane Foster. Aunque creo que es una historia de amor algo forzada, considero que en esta película hay ciertos detalles, como que Thor le pida a Heimdall que la observe cada noche para saber de ella, que arreglan un poco la cosa… No creo que se transmita demasiada química entre Natalie Portman y Chris Hemsworth, pero, en general, el leit motiv de la película no queda mal y la última escena post-créditos soluciona un poco esto. Por cierto, que Heimdall adquiere mucho más protagonismo gracias al éxito actual de Idris Elba y es algo que se agradece.

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La parte de Asgard está claramente dominada por Loki, por un Tom Hiddleston que está soberbio en su interpretación del dios de las mentiras en un guión que acentúa la faceta más divertida del villano que hemos podido disfrutar en los cómics de los Jóvenes Vengadores o en Viaje al Misterio. Loki sigue en su vendetta contra Odín, utilizando a Thor y Frigga, tal vez a la única persona a la que quiere, para planear su ataque contra el Padre de Todos. Por cierto, que en esta ocasión Anthony Hopkins parece que está en la peli por estar porque no tiene ninguna escena destacada, salvo, quizás, la del final de la película por motivos que no voy a desvelar.

En el apartado de los villanos la película es donde el casting y el guión me resultan más irregulares. Christopher Eccleston interpreta a un Malekith algo descafeinado en comparación con la versión comiquera, con un plan que consiste en encontrar el éter, una sustancia que lo vuelve más poderoso… nada que ver con el Cofre de los Antiguos Inviernos, pero es una idea que acaba entroncando con todo lo que se vislumbra en el universo cinematográfico Marvel desde la primera película del Capitán América. Sin embargo, la idea de la existencia de unos elfos oscuros high-tech no está mal y da mucho juego la invasión a Asgard, primero, y a Midgard en la parte final de la película. Quedan resultonas igual que los soldados del imperio de Star Wars. Kurse está bien adaptado en manos de Adewale Akinnuoye (vamos, en manos de Mr. Eko 😛 ) y sus escenas de acción son impresionantes. Además, la Asgard “tecnológica” resulta muy molona y me recordó en bastantes momentos a Star Wars.

Por otro lado, si en la primera parte era la parte de Midgard la que resultaba muy floja en la última parte de la película, en esta película resulta clave para redondear ideas y mejorar el resultado final, ya que los primeros 45 minutos tienen muchos altibajos y el ritmo se pierde en bastantes momentos. La batalla final en Londres es una pequeña joyita. Además, es en La Tierra donde aparecen los otros personajes que, junto con Loki, dan vidilla a la película: el Doctor Erik Selvig (un enorme Stellan Skarsgard) y Darcy Lewis (Kat Dennings, quien se come a Natalie Portman en cada escena) dan ese punto de humor tan necesario y que tan bien se utilizó en Los Vengadores de Joss Whedon. Vamos, yo les daba un spin-off a Selvig, Darcy y el becario Ian o los hacía aparecer en la película del Hombre Hormiga o algo así.

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En definitiva, creo que Thor: El Mundo Oscuro mejora todo aquello que estaba mal en la película anterior y que también avanza mucho en lo que estaba bien para ofrecer un espectáculo visual muy bien hecho en el que lo que más desluce es un guión irregular en la primera parte y un plan del villano que no queda muy explicado. La película sabe combinar, especialmente a partir de la primera hora, las dosis justas de humor, aventura, acción, diálogos llamativos y romance, pero sin olvidarse de lo iniciado por Brannagh en la película anterior. El aire shakesperiano sigue ahí, dando caché a los aspectos más puramente Tolkien de la historia al aderezarlos con ese toque sci-fi a lo George Lucas que tienen las batallas entre los asgardianos y los elfos oscuros. Además, cuenta con un final de infarto que te deja con ganas de más y, tal vez por ello, la película cuenta con dos escenas tras los créditos. La primera de ellas es brutal y te deja con ganas de que se estrene cierta película de la fase 2.