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Fringe: Un adiós nada deseado.

Como los lectores más perspicaces de mi blog habrán observado, Fringe ha sido una de las series que he estado viendo en los últimos tiempos. Concretamente, desde finales de 2011. Tenía la primera temporada en DVD y empecé a verla en verano del 2011, pero los primeros episodios no consiguieron engancharme. Básicamente, la serie era un remake de Expediente X en el que los protagonistas tenían los papeles invertidos y en el que destacaba el añadido del típico científico loco con su laboratorio y su vaca lechera. Había más humor que en Expediente X, pero no entendía muy bien por qué la protagonista era eclipsada constantemente por Walter Bishop ni le veía mucho interés a la trama inicial de la serie (la del novio traidor). En definitiva, la dejé unos meses y volví a verla en las vacaciones de navidad. A duras penas conseguí ver los episodios de la primera mitad de la primera temporada y sólo aquellos que, a la larga, se dedicaban a crear la mitología de la serie consiguieron engancharme.

fringe-promo-posterPor suerte, liquidada la trama del novio traidor, los guionistas dieron carpetazo al coñazo de serie que habían escrito hasta entonces y supieron darle la vuelta a todo. Un nuevo mundo se abrió para nosotros, literalmente, en el último capítulo de la temporada y dio paso a unas segunda y tercera temporadas magníficas. “El otro lado”, “la falsa Olivia”, “Walternative” y demás personajes no hicieron otra cosa que engancharme hasta el punto de devorar los capítulos y comprarme las tres temporadas disponibles en nuestro mercado.

La cuarta temporada tuvo sus momentos, aunque me pareció bastante floja comparada con las anteriores. La reinvención de la serie estuvo bien, aunque me llegó a cansar todo lo referente al “ahora te quiero, ahora no sé quién eres, ahora no te quiero, ahora sé quién eres” entre los protagonistas. Una vez resuelto este dilema, por suerte, la temporada acabó bien y dio paso a una corta y última temporada que serviría para explicar el por qué de muchas cosas que llevaban pululando sin respuesta bastante tiempo y para enseñarnos en profundidad el, tal vez, último homenaje a la ciencia ficción que faltaba en Fringe: los futuros distópicos.

Y digo bien. Fringe es la gran serie del siglo XXI en lo que a homenajes a la ciencia ficción se refiere. Cada caso episódico, cada cual más bizarro que el anterior, es un ejemplo de esto. Pero no hay que dejar de lado, es imposible hacerlo, la valentía de mezclar realidades alternativas durante tres temporadas, con sus personajes tan parecidos y tan diferentes al mismo tiempo. Ese “otro lado” con el que los guionistas tanto se divirtieron y tanto nos divirtieron fue, para mí, el gran aliciente de la serie durante mucho tiempo. Esa guerra entre universos que al final no era lo que parecía, esa lucha por recuperar al niño perdido y ese reseteo brutal con el que nos encontramos en la penúltima temporada que sirvió para comenzarlo todo otra vez son algunas de las ideas mejor llevadas de la serie. Y esa última temporada en un futuro tan “Días del Futuro Pasado” me ganó por completo. fringe

Sin embargo, su punto fuerte son los protagonistas. Desde luego, Walter Bishop pasará a la historia de los personajes de la ficción televisiva. La evolución y la psicología del personaje, junto a la magistral interpretación de John Noble, deberían estar en todos los manuales de guion e interpretación. Dar vida a un personaje tan complejo y hacerlo sumamente real en un marco tan poco accesible para el espectador como el de la ciencia ficción es el mayor mérito de la serie. Anna Torv está genial interpretando a Olivia Dunham, pero está magnífica interpretando a su contrapartida del “otro lado”. Joshua Jackson es, con diferencia, el peor actor del trío protagonista y la mayoría de las veces no consigues creerte a Peter Bishop, aunque, todo sea dicho, tiene sus momentos. Entre los secundarios me quedo con la maravillosa Jasika Nicole (Astrid) y con Seth Gabel, que interpretó al agente Lincoln Lee.

Fringe se va como vino. Sin grandes aspavientos. Como yo mismo experimenté, es una serie que no está hecha para todos los públicos. Mucha gente se pierde en sus tramas y hasta yo mismo necesitaré revisitarla en el futuro para poder entender algunas cosas. Al reinventarse a sí misma en tantísimas ocasiones, es relativamente fácil perderse en la trama y en la importancia de algunos personajes. Sin embargo, en lo que no podemos ni debemos perdernos es en su leit motiv, en la verdadera razón de ser de sus protagonistas y en el auténtico catalizador de la serie, como iremos descubriendo: ¿Qué estás dispuesto a hacer por no perder a quien más quieres? Walter, Peter, Olivia, September… todos ellos lucharon hasta el final por los suyos y, de paso, salvaron al mundo. Se les echará de menos.

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Categorías:Televisión
  1. Yota
    20 enero, 2013 en 10:23 pm

    Estoy todavía con la mitad de la cuarta temporada, un poco atascado, pero el final de la tercera me parecio puro Días del Futuro Pasado, una maravilla.

  2. 20 enero, 2013 en 11:23 pm

    Pues si quieres Días del Futuro Pasado… acaba la cuarta jajajaja

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