Perdidos se comió mi vida

Tras el visionado del capítulo 5×04 de LOST he de decir que estoy, oficialmente, rendido ante la serie. Es F-A-B-U-L-O-S-A.  De seguir así, será, sin duda alguna, la mejor serie de la historia de la TV.  Es cierto que muchos telespectadores no habitales se pierden continuamente con los giros argumentales y las conexiones entre personajes, pero los guionistas están convirtiendo a Perdidos en una pequeña joya de la ingeniería. Todo parece ir encajando y los misterios van cerrándose a medida que van originando otros nuevos, formando un entramado complejo, pero divertido y fascinante. Y los fans somos parte importante de ello, por lo que me ha sorprendido mucho encontrar este artículo en la edición digital de El País.

(SPOILERS en el último Párrafo). Lost

Hace ya cinco años que se estrelló el vuelo 815 de Oceanic. Sus 48 supervivientes no iban solos: millones de fans cogieron el hilo de la serie y ahora no quieren soltarlo. Recién estrenada la quinta temporada en EE UU, sus seguidores se han convertido en los nuevos protagonistas del fenómeno.

‘PERDIDOS’ es el mejor ejemplo de un fenómeno contemporáneo, el de la televisión venida a más. «Ha roto con todas las reglas de la ficción existentes: su estructura es críptica, trata cuestiones épicas, tiene su propia mitología, usa recursos narrativos novedosos y su factura es cinematográfica», cuenta Rafael Gómez, autor de Aportaciones teóricas en los relatos televisivos: el caso de Perdidos.

Sin embargo, hasta sus creadores admiten que el verdadero fenómeno no está en la propia serie, sino en sus millones de fans (o losties). Porque Perdidos ha conseguido conjugar dos hechos que deberían excluirse mutuamente: ser una serie de culto y tener predicamento entre el mainstream, el público masivo. Este mes, uno de sus productores, Carlton Cuse, decía en la revista Empire: «Todo empezó a partir del tercer capítulo de la primera temporada. En el primer flash¬back dedicado a John Locke vimos que antes de llegar a la isla era un discapacitado en silla de ruedas. Fue entonces cuando la gente empezó a preguntarse ‘¿qué está pasando realmente en esa isla?’ y se lanzó a teorizar al respecto en Internet». Era septiembre de 2004. El fenómeno fan 2.0 se había desatado.

Pero ¿qué diferencia a un lostie de la adolescente que jalea a su ídolo pop bragas en mano o del obseso de los juegos de rol? En esencia, nada. Según Amy Johnston (30 años), moderadora del blog The fuselage, Perdidos es una cuestión de fe: «El fan de base debe creer firmemente que todas las piezas del puzle acabarán encajando. Y, como creyente, debe preguntarse ‘¿merezco ser fan de Perdidos?’, para luego asumir sus responsabilidades». Ella lo hizo. Acaba de coescribir Lost ate my life (Perdidos se comió mi vida) junto a otro reputado bloguero, John Lachonis (32), administrador de Thetailsection.com. «Éste es un libro hecho por fans y dedicado a los fans. En él analizamos cómo hemos conseguido ponernos al mismo nivel que los creadores. Nosotros somos el verdadero poder. Y no estamos en la sombra. Influimos en el desarrollo de la serie», aclara él.

Los productores ejecutivos Carlton Cuse y Damon Lindelof han admitido visitar regularmente blogs y foros para tomar el pulso a sus seguidores y obrar en consecuencia. En su libro, Lachonis y Johnston recogen hazañas como la que llevó a veinte fans a organizar un Dharma Derby en Disneylandia. «Nos dividimos en grupos y buscamos pistas escondidas por el parque disfrazados con el mono de Dharma [la misteriosa organización que está detrás de lo que pasa en la isla]», cuenta Johnston.

Visitar la isla. Ésa es una de las fantasías más recurrentes entre los losties. Eduardo Sánchez (27) la ha materializado. El año pasado, sus sacrificios, como levantarse a las seis de la mañana para ver los capítulos de la cuarta temporada -siguiendo el ritmo de emisión de EE UU-, se vieron recompensados. Fox, la cadena que emite Perdidos en España (la quinta temporada comienza en abril), convocó un concurso de cortos. Sánchez mandó uno en el que salía «contando mi teoría disfrazado de científico loco». Ganó. El premio fue una semana en Hawai visitando el set de rodaje de la serie. Y aunque suene poco plausible, en España contamos con nuestra particular isla de Perdidos: el bar Bharma. Su interior recrea la escotilla. Sólo los dardos y el billar te recuerdan dónde estás realmente: en un local de Poblenou (Barcelona).

Jason Hunter, un ingeniero físico de 20 años, también suscribe el carácter voraz de Perdidos. Cuando acabó la tercera temporada, su mente empezó a esbozar una teoría. La gestó durante nueve meses -«en horas de oficina», cuenta- y en febrero de 2008 la parió en http://www.thetimelooptheory.com. ¿Cuál es? «Desde la isla se puede manipular el tiempo. Lo que no implica que se pueda desafiar al destino», asegura. «Si la aplicas de manera deductiva puede explicar los misterios de la serie. El viaje en el tiempo es el diagnóstico, y cosas como el humo negro serían los síntomas». En Estados Unidos la quinta temporada se estrenó el 21 de enero. Corrobora, en un 50%, la teoría de Hunter. «Nadie relacionado con la serie se ha puesto en contacto conmigo».

Autor: IvánN

iBamf! Mutante con el poder de acumular cómics por encima de mis posibilidades

3 opiniones en “Perdidos se comió mi vida”

  1. Bueno, ya no puedo más, hoy mismo me pongo a ver los 4 capítulos que tengo guardadicos. Quería acumular más, pero no puedo, NO PUEDO!!

    Por cierto, me parece que en Barcelona han abierto un Lost-bar. Tengo que enterarme de qué va ésto…

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