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Ex Machina: Estado de Emergencia

¿Qué ocurre si mezclas Spin City, El lado oeste de la Casa Blanca y, por ejemplo, Spiderman? Pues ocurre Ex Machina.

Guión: Brian K. Vaughan

 Dibujo: Tony Harris

Incluye: Ex Machina 1 – 5 USA

 Edición Española: Tomo Norma Editorial. 12 €

Brian K. Vaughan mola. Y punto. Hasta ahora, todo lo que he leído de este joven y prometedor guionista me gusta. Y este tomo no podía ser menos. El concepto, “La Gran Máquina”, el único superhéroe del mundo se convierte en alcalde de Nueva York, es novedoso, pero también lo es la forma de contarnos los orígenes del protagonista y la forma en que éste se desenvuelve por el mundo. Y es que no es nada fácil ser un héroe en un mundo sin héroes. Aunque, claro, éste tuvo la “suerte” de detener al segundo avión que quería impactar contra las torres gemelas, ganándose el respeto de todo el mundo por ello.

El origen de los poderes de Mitchell Hundred, que le permiten “hablar” con las máquinas, recuerda al clásico accidente que otorga de poderes a gente normal y corriente, con el agravante de que no está nada clara la procedencia de esta cualidad. ¿Proyecto militar? ¿Origen extraterrestre? ¿Casualidad? Todo es un misterio en ese aspecto, mientras que su carrera superheroica no para de darle problemas inicialmente, pese a contar con dos colaboradores que velan por él en la sombra, pero ello no le impide lanzarse a la aventura política tras los caída de una de las torres del World Trade Center. Por lo menos parece más listo que otros héroes que prefieren seguir en el anonimáto y seguir llevándose palos y más palos (y no señalo a ninguno :P). Vaughan acierta al recurrir a la técnica del multiflashback para contarnos el pasado del personaje, le da un efecto muy dinámico al no realizar retrospectivas demasiado largas y que, para más inri, aportan pistas sobre sucesos pasados.

El mundo político de Ex Machina me recordó mucho a Spin City, esa serie que protagonizaba Michael J. Fox y que luego pasó a estar en manos de Charlie Sheen (creo) y Heather Locklear. El ambiente en la alcaldía de Nueva York es demasiado estrambótico como para tomártelo en serio. La interacción entre los secundarios y entre el alcalde y sus colaboradores sirve para que el lector se divierta, se fascine y disfrute de las peripecias de los políticos y demás funcionariado (becaria buenorra incluida). La sátira de la moralidad y sensibilidad americana que lleva a cabo Vaughan durante la “crisis de la obra de arte” levantará más de una sonrisa cómplice ante la forma que los personajes tienen de sortearla. Y alguna que otra carcajada surgirá con los chistes incluidos en la obra acerca de los tópicos superheroicos.

Tony Harris lleva a cabo una excelente labor y gracias a las páginas finales del tomo vemos las referencias y la técnica empleada en las páginas de este tomo. Un trabajo muy competente y detallista.

Categorías:Cómics
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