Nueva plaga en los cómics: Faltas de Ortografía

Si los 80 nos metieron en una etapa en la que la oscuridad empezó a apoderarse de los superhéroes de Marvel y DC, en los 90 los clones de ROB! y Jim Lee fueron los dibujantes favoritos de las editoriales para realizar los crossovers entre chorrocientas series y este comienzo de siglo ha visto el auge de los escritores incapaces de escribir más de 30 líneas por cómic, la segunda mitad de esta década estará marcada, si la cosa sigue así, por el fin de la buena ortografía en las publicaciones de las editoriales españolas. Pues sí, tenemos nueva plaga.

A ver, siempre hemos tenido en las series algunos «fallos» aislados de esos que a todos se nos escapan de vez en cuando, es decir, alguna letra cambiada, alguna falta «leve» que, generalmente, se debe a algún despiste… Pero en los últimos dos años ha surgido una auténtica multitud de errores que, aunque no son demasiado notorios, lo cierto es que se están haciendo un enemigo para la lectura de las series de Planeta, Panini y Norma (vamos, las series de las editoriales que compro o leo). La cosa llega hasta tal punto que, a día de hoy, en muy pocos números del mes no vemos faltas de ortografía o de errores gramaticales (leísmo, laísmo, alguna falta de concordancia, verbos mal conjugados…), lo cual es muy preocupante.

¿Y a qué se puede deber? Pues ni idea. No sé si será culpa del traductor, del rotulista o de la tía del vecino de alguien, pero lo cierto es que las editoriales deberían YA empezar a tomar acciones contra esto, puesto que no es normal que el número de faltas ortográficas se haya disparado tan brutalmente en tan poco tiempo y que nadie se haya molestado en corregirlo. Sobre todo cuando, curiosamente, ni en los correos ni en los artículos de los colaboradores de las editoriales encontramos tales errores…

Sé que no voy a solucionar nada, pero, por lo menos, lanzo mi grito de protesta, que nunca se sabe hasta dónde puede llegar…

Y, en todo caso, avrá ke acostunbralse… o argo.

Soñadores

Pocas veces veo una película sin saber muy bien qué voy a encontrarme. Es decir, suelo leer reseñas, ver programas de televisión que tratan el mundo del cine (pero no el de Garci, que me saca de quicio) e investigar por internet en busca de información. Sin embargo, en esta ocasión me encuentro hablando de una película que llegó a mí por casualidad, una amiga me dijo que la viera «como fuera», que era muy buena y que había entrado a formar parte de su filmoteca inmediatamente. Obviamente, agradezco a mi amiga su consejo, ya que pocas veces he visto una película que me pareciera tan exhuberante como este film de Bernardo Bertolucci.

La historia gira en torno a Matthew (Michael Pitt), un joven americano que llega a París en el tormentoso 1968 y que conoce en la filmoteca a dos hermanos, Isabelle (Eva Green) y Theo (Louis Garrell), con los que se unirá en una relación de amistad marcada por el deseo, la sexualidad y la extraña relación de los hermanos, encerrados en un mundo interior muy particular en el que Matthew se introducirá durante la primavera de 1968, justo antes de la revolución. Así, poco a poco, el americano irá descubriendo que la forma de actuar de los hermanos es completamente impropia a su forma de entender cómo debe ser una relación entre hermanos pero, al mismo tiempo, la atracción sexual por ellos (aunque sólo se consuma con Isabelle, aunque leo en IMDB que hay una secuencia eliminada en la que Theo y Matthew también tienen relaciones sexuales) y el hecho de ser sus únicos amigos en París consiguen que los hermanos le consideren «uno de ellos» y que, en la soledad de la inmensa casa de los padres de sus amigos, se inicie en una serie de discusiones y juegos en los que se pondrá de manifiesto la enorme diferencia entre Matthew y sus amigos, pero, parece, actúa entre ellos la ley que dice que los polos opuestos se atraen.

«Soñadores» es, por tanto, un film en el que se profundiza en temas tan complicados como la amistad, la familia, la política, el arte, la música, la literatura y, también, la sexualidad, que es vivida con naturalidad y, también, temor por los protagonistas, que se mueven en un mundo ambiguo marcado por el incesto y la bisexualidad . La película no es, pese a todo, una película basada en escenas de sexo y desnudos integrales, sino que, muy al contrario, todas estas escenas entran dentro de la trama perfectamente y con una naturalidad pasmosa. Todas y cada una de estas secuencias tienen su porqué, no es cuestión de meter a Eva Green desnuda para excitar al personal, o de meter un primer plano del pene de Michael Pitt por escandalizar, no. El guión consigue que todo sea normal dentro de la extrañeza en que se mueven los protagonistas, que, pese a sus discusiones filosóficas y políticas, parecen completamente ajenos al ambiente político que les rodea y viven en una burbuja formada por sus sueños y sus ideas para conseguir un mundo distinto.

Esta burbuja se rompe al final de la película, justo cuando los padres de los hermanos descubren la extraña relación entre sus hijos y su amigo e Isabelle intenta matarse junto a su novio y su hermano y no lo consigue porque la revolución estalla en París y los tres tendrán que hacerle frente desde sus distintas perspectivas ideológicas, que consiguen lo que ni la moral ni la represión consiguieron: separarles. Sin embargo, esto no resulta agridulce, ya que la película juega continuamente con la forma de romper esa burbuja, esa pompa de jabón en la que viven Matthew, Isabelle y Theo. Y todos sabemos que las pompas de jabón siempre se rompen…

Puntuación: 8’5/10.